miércoles 7 de mayo de 2008

LA MÁQUINA DEL TIEMPO


Vamos a proponer un sencillo juego a nuestra imaginación...
Pongamos por caso que un hombre de la Edad Media, por ejemplo del Siglo XII o así, encuentre la manera de viajar al futuro, pero no a nuestro tiempo, sino al Siglo XV, por decir uno...
Este hombre medieval se encontraría en un futuro en el que muchas cosas habrían cambiado, y entre ellas el arte...la forma de representar los objetos, la perspectiva, la forma de crear volúmenes, de construir...
Pero la gran pregunta es..¿sería capaz este hombre medieval, de hace 800 años, de valorar y apreciar el ARTE del siglo XV?
Eso es algo que nunca se podría contestar, pero yo pienso que sí.
Si un egipcio, del antiguo Egipto, de hace miles de años, pongamos por caso el tío que esculpió la cabeza de Nefertiti, pudiese volar muchos siglos hacia adelante, ¿acaso no se conmovería su sensibilidad artística ante las esculturas de Rodín o de Miguel Angel?..
Dicen que el arte de verdad es intemporal, y yo estoy de acuerdo.
Cierto que hay parámetros que son fruto del progreso y del paso del tiempo que hacen que ciertos aspectos del arte de hoy sean incomprensibles ayer.
Por ejemplo, el egipcio de antes tendría dudas ante un cuadro de Hopper, más que nada por los coches y eso, pero en lo básico, en la percepción global del arte, hay ciertas cosas que sí son intemporales.
No hay ningún motivo para creer que nuestra época es tan especial que lo que se haga en ella sería incomprensible para seres de dos o tres siglos atrás.
Sólo desde una enorme soberbia, o aún peor, desde una enorme ignorancia, podríamos pensar esto.
Y ese es uno de los enormes pecados, el de SOBERBIA, que lastra al arte contemporáneo. Ya las propias palabras vanguardia y contemporáneo tienen su propia sentencia escrita en ellas. Lo que se construye, se escribe o se pinta con la intención de ser CONTEMPORÁNEO y moderno correrá la misma suerte que un periódico de hoy: esto es, mañana ya no le interesará a nadie.
El arte y las pasiones que lo mueven son fuerzas inherentes al ser humano, que siempre han existido y siempre existirán, y siempre funcionarán de modo parecido, aunque sean distintos los entornos en que se mueven los artistas en diferentes tiempos.
Si una persona de hace tres siglos aterrizase hoy en una muestra de arte "contemporáneo", seguramente se interesaría por la pintura (si la encontrase), la escultura, y posiblemente también por otras expresiones artísticas como pueden ser las performances, que le harían centrar su atención y comprender que está asistiendo a la contemplación de una expresión artística.
Sin embargo, un altísimo porcentaje de las obras que se encontraría este hombre del pasado le pasarían completamente desapercibidas como arte, las pasaría por alto pensando que son simples objetos, y no vería en ellos ninguna cualidad que le hiciera percatarse de que está ante OBRAS DE ARTE.
Si un azafato/a de la muestra le intentase explicar amablemente a este hombre del pasado que los objetos que le están dejando indiferente y ante los que pasa sin detenerse son arte, probablemente, el hombre del pasado, sintiéndose objeto de burla, reaccionaría con violencia hacia el azafato, que a buen seguro desearía no haber intervenido.

Muchas cosas, en efecto, son intemporales. Hay algunas que sí son inventos de nuestro tiempo, como ese absurdo sentido de lo políticamente correcto que es lo que hace que, hoy en día, aunque nos gustaría reaccionar como el hombre del pasado de esta fábula, reaccionemos como el hombre del presente que somos, con la educación y el civismo que nos han dado tantos años de civilización y de arte, de arte del de verdad

domingo 13 de abril de 2008

JUSTIFICACIONES


Una de las cosas que más chocaría a cualquiera que, en el hipotético caso de que esto fuera posible, viniese de otra época e intentase acercarse al ARTE que se ofrece al público en los circuitos oficiales, serían, seguro, las constantes JUSTIFICACIONES, ya no sólo simple soporte teórico, con que cierto tipo de arte intenta explicar su propia existencia.
Recuerdo una vez en que llevé a mis alumnos a una exposición en el museo MARCO de Vigo. En el mismo edificio había otra exposición de "arte contemporáneo" en la que colgaban y reposaban una serie de readymades de lo más trillado y ya visto.
La guía empezó preguntando a los chavales, de entre 14 y 16 años, si eso les parecía arte. Todos dijeron que no.
Entonces ella empezó una serie de justificaciones, que empezaban con un "sí es arte, porque...", y acto seguido hizo un repaso historicista simplón de todo lo que según ella (y muchos otros) ha sido la historia del arte desde mediados del s XX, en el que parece ser que se extinguió la pintura, como los dinosaurios,( y comenzó una suerte de arte experimental cuyos experimentos siguen siendo experimentales décadas después), un arte que renegaba de los museos, (pero que hoy no se despega de ellos, ni permite alternativas en su interior), un arte liberado de los dogmas (pero cuyos defensores caen hoy en dogmatismos brutales y excluyentes).
En fín, la chica pintó de justificaciones ,las habituales justificaciones, que no por repetidas dejan de ser peregrinas, el camino hacia la comprensión de esa obra de arte.
Pero los niños no se dieron por convencidos, y la segunda vez que ella preguntó si "eso" les parecía una obra de arte (después de toda la explicación justificatoria), ellos dijeron: NO.

La chica perdió su amabilidad y dijo algo que definitivamente hizo perder la paciencia a mis alumnos (y a mí también, aunque lo disimulé mucho mejor), dijo: "bueno, hay que procurar no ser ignorante ni cerrarse en banda. Esto ES arte"
Sus justificaciones acabaron ahí, porque los chavales, que se sintieron insultados, abandonaron esa sala y se fueron, dejando a la chica con la palabra en la boca.

Sólo cuando se habla entre adultos, ya suavizados (o corrompidos, quien sabe) en sus relaciones personales por una diplomacia, a veces mal entendida, puede parecer que las justificaciones de lo que no es justificable convencen. La mayoría de las veces no lo hacen, pero el sujeto pasivo de la justificación hace un esfuerzo por que su pensamiento no salga a la luz.

El honesto, espontáneo e inequívoco comportamiento de los adolescentes me hizo pensar en el hecho de que a veces, nuestra supuesta "madurez" no es sino una vuelta atrás en ciertos aspectos, un cobarde intento de nadar y guardar la ropa, un insincero escudo que nos esconde de los demás, pero no de nosotros mismos, y que todo esto puede ser derrumbado como un escudo de naipes por un soplo de aire fresco.
Es muy posible que nadie en esa sala creyese que el objeto oxidado cogido al azar por un supuesto artista que descansaba en un pedestal fuese arte. Yo desde luego no lo creía, y apostaría a que la guía que intentaba convencernos, tampoco.
Pero sus conocimientos, juicios y prejuicios adquiridos, el miedo a no ser parte del grupo, del club en el que había entrado, la autocomplacencia social que da el saberse parte de algo que "no todos entienden", y en fín, un largo catálogo de miserias de las que los niños no suelen participar, hacían a esta chica adoptar una postura de férrea convicción que se transformaba en agresividad al ser cuestionadas sus justificaciones, que no explicaciones.

La justificación es el rostro de la mentira.
Alguien que defiende una verdad, aunque sea SU verdad, se explica.
Alguien que defiende algo en lo que no cree se justifica.
Hace unos pocos meses pudimos ver a la Reina de España saliendo de ARCO, la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid.
Para una persona acostumbrada a vivir entre obras de arte, una visita obligada a semejante montón de mierda debe ser un auténtico suplicio.
Pero incluso para una diplomática vitalicia como es ella, el espontáneo brote de la justificación fué más revelador que todas las declaraciones que he visto en mi vida expresar a esta señora.
Un periodista le dijo: "Majestad, ¿le ha gustado lo que ha visto en ARCO?".
Y ella contestó: "Bueno, lo que busca el arte es provocar, ¿no?"

jueves 31 de enero de 2008

¿PORQUÉ EN LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO ES TODO TAN ABURRIDO?


La frase del título no es mía (qué más quisiera) sino del dibujante El Roto.
Y creo que no encuentro otra mejor para ilustrar esta entrada al hilo de esta foto.
Es una de las obras premiadas en el Certamen Auditorio de Galicia para jóvenes artistas.
Me levanté esta mañana con algo de tiempo libre y fuí a dar un paseo.
Topé con esta exposición, y aunque ya no suelo entrar en este tipo de eventos, quería ver qué conciertos ofrecía el auditorio, y ya de paso, entré en la sala de exposiciones a deleitar mi alma con la evidencia de hasta qué punto puede estirarse el concepto de aburrimiento impuesto a la pobre gente como nosotros, ciudadanos de bien que no hemos hecho nada malo a nadie.
Esto no es lo que se dejó el conserje después de cagar, como supongo hará varias veces al día de puro aburrimiento.
Es una de las obras de arte premiadas.
Los otros premios no puedo reproducirlos aquí porque son videoinstalaciones, pero adelanto a quienes estén tentados a dar un paseo hasta allí que el primerísimo premio se trata de un video de más de media hora en el que un tío, prácticamente a tiempo real y en un sólo plano, descubre una imagen escondida tras una especie de escayola a base de rascar.
Trepidante
En fín, todo sigue igual en este mundo del arte. Enferma está esta sociedad cuando se condena a venerar estas "obras de arte" usando el dinero público para sostener un tipo de arte del que nada más se puede decir que la NADA.
Por supuesto, en toda la hora que pasé allí nadie más hizo acto de presencia. Sólo el pobre conserje que ya no tiene con qué limpiarse.

lunes 28 de enero de 2008

¿ES NECESARIA LA CRÍTICA DE ARTE?



"La visita del charlatán", de William Hogarth .
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La profesión de crítico de arte ha supuesto, desde
la irrupción de las vaguardias, un punto de inflexión en la Historia del Arte.
Antes del desembarco en el mundo de esta profesión, y de existir voces autorizadas que desgranasen lo que es el arte, existían los artistas y el público, el emisor y el receptor de los lenguajes artisticos visuales, musicales, o literarios.
No todo el mundo tenía acceso, económicamente hablando, al arte (como no todo el mundo lo tiene ahora, teniendo en cuenta que aunque el disfrute del arte y de la cultura es necesario, no lo es su posesión, reservada a gente más o menos pudiente).
La posesión del arte marcaba una clara distinción social, pero no su disfrute, abierto a todo el mundo, y de hecho presente en edificios públicos, sobre todo religiosos.
La consolidación de esta profesión como INTERMEDIARIOS o interlocutores entre el artista y su público debería haber creado una proximidad entre el trabajo de los artistas y el público, la sociedad llamada a disfrutarlo, y no un alejamiento progresivo, como así ha sucedido a lo largo del siglo XX y en lo que va de este.
La crítica se ha convertido en algo más dañino que útil, que ha creado en la gente una sensación popular de que el arte es "de otros", es algo hecho por y para un grupo de entendidos, para un circuito ajeno a la sociedad.
Esto es lo más lejano a la realidad que puede haber. El arte es de todos. Siempre lo fué, y si ahora no es así, es culpa, sin duda, de que la profesión de crítico haya creado ese enquistamiento que resulta una interferencia ante el público, un escollo en nuestro trabajo.
Es una interferencia permitida e incluso auspiciada por muchos artistas, que confunden el camino y CREAN a partir de teórías de críticos y supuestos filósofos, cuando en todo caso debería ser al revés.
De esta manera se adoctrina, que no enseña, a los alumnos en las facultades de Bellas Artes: se impone el modelo de creación-a-partir-de-teorías-estéticas.
El arte se dirige a la sensibilidad de las personas, no a su intelecto, y en todo caso un arte referido y necesitado de teorías previas no es más que un refrito intelectual, un metalenguaje, que a mí me resulta bastante similar a los programas de zapping, cuyo contenido en sí es nulo, simplemente se refiere a los contenidos de otros programas previos.
El arte tiene un contenido propio, que siempre tendrá referencias y anclas en su tiempo, obviamente, porque está creado por una persona que no puede (aunque quiera) ser ajena a él.
Un contenido que no necesita manuales de instrucciones, y menos escritos por personas ajenas al arte, personas que son receptores de este lenguaje, como los demás mortales, y en las que por tanto, su condición de voz autorizada es totalmente ficticia.

El lenguaje de la crítica, además, es un lenguaje que nada tiene que ver con el lenguaje del arte, y por lo tanto en este aspecto resulta una actividad engañosa e inútil.
Yo personalmente sí creo en la crítica literaria, en tanto que utiliza el mismo lenguaje que aquello de lo que habla.
El análisis literario ES también literatura, aunque por supuesto referida, y por ello deudora, a una obra previa.
Lá crítica artística o musical usa un lenguaje que no es visual ni musical, sino escrito o hablado, y por lo tanto su excesiva presencia se convierte en una pura y simple interferencia, en RUIDO.
En un espectador poco formado intelectualmente, o que se considere como tal (lo que no implica que sea carentre de sensibilidad artística), se crea la falsa sensación de tener que estar al día en las consideraciones de los críticos, en tener que "entender", en necesitar un sostenimiento literario previo para contemplar el arte o acercarse a él.
Eso, unido a los mensajes poco claros de la crítica actúal, encriptados en constantes citas y referidos a todo tipo de filósofos, pensadores y seudo gurús, creadores de opinión, en suma, aleja definitivamente a un público mayoritario de algo que está totalmente a su alcance.
La crítica es válida como opinión, pues eso es lo que es, nada más, y como tal es respetable en tanto sea respetuosa con todas las demás opiniones, y no se considere la única interpretación valida, cosa que no corresponde ni siquiera al artista.
El papel del HISTORIADOR se mezcla también, en la actualidad, con este papel de crítico, hasta el punto de que estos pretenden escribir la historia del arte actúal, a tiempo real, cosa que es del todo imposible.
Si aún con el poso de los años la escritura de la historia es algo muy subjetivo, mucho más de lo que se quiere hacer ver por parte de quines la escriben, más lo es cuando se pretende hacer de lo que en el mundo del arte está sucediendo, lo cual más que subjetivo resulta totalmente arbitrario.
Quizá seamos los propios artistas los culpables, en parte, de esta sobredimensión del fenómeno de la crítica.
Durante siglos los artistas han estado apadrinados por las clases poderosas, el mecenazgo de los papas, los nobles o la iglesia era la forma de vida de los más grandes artistas que han existido durante mucho tiempo.
En el siglo XX desaparece (por fortuna) el tipo de sociedad de estructura vertical, la excesiva diferencia cultural y social entre clases. Llegan las democracias.
El artista debe, entonces, acercarse al público por sí mismo, y no a través del trampolín del poder.
Entonces se crea un vacío entre el artista y el público, entre el emisor y receptor, que es aprovechado por estos CRÍTICOS, que pretenden ser los que den patente de validez a las obras y a los artistas.
Esto es algo que hoy carece de sentido. En una sociedad donde todo el mundo tiene acceso a una formación mínima, nadie necesita ya un libro de instrucciones para acercarse a la oferta cultural de su sociedad, pero los fabricantes de "libros de instrucciones para sentir el arte" se resisten a abandonar esa labor que la sociedad rechaza.
Es labor del propio artista intentar acercar su obra a la gente. Hoy en día es más factible que nunca, la popularización de la tecnología, y la posibilidad de actuar cada uno como propagador de su propia obra, y de su trabajo, hace posible un acercamiento del arte al público sin intermediarios ni interferencias.
Sería ideal que fueran los estamentos culturales públicos los que hicieran esta labor intermediaria, de una forma "laica", (sin estar sujetos a credos estéticos de ningún tipo, como corresponde a una administración pública).
Pero en un país que todavía no ha sido capaz de constituirse en laico en materia religiosa, es mucho pedir que lo sea en materia estética, donde la labor de la crítica y de la "opinión autorizada" sigue actuando de tamiz entre los artistas y el público, que es cada vez más consciente y sabedor de esta incongruencia, y muestra un rechazo creciente a toda esta horda de opinadores que se han convertido en lo más obsoleto y precindible del mundo del arte.

lunes 7 de enero de 2008

EL MARKETING DEL ARTE

El mundo del arte se polariza, como casi todas las cosas, en dos "opciones" que venden su producto de una manera muy distinta.
Porque, a fín de cuentas, la actividad artística es una actividad productiva cuya subsistencia depende de la capacidad del artista de ir colocando en el mercado su producto.
Nadie es ajeno a esta realidad. Es cierto que en el artista, el impulso creativo es una necesidad, y que en muchos casos, el trabajo artístico es improductivo económicamente, y el autor busca otras fuentes de ingresos para continuar su actividad.
Esto, en cierto modo, le hace creativamente más libre, pero puede que el artista termine viendo su trabajo como un obstáculo al restarle tiempo para la actividad creativa, que es la que realmente o la que más le interesa.
Un atista que tiene la suerte (porque en muchos casos es cuestión de azar que se termine valorando-o sobrevalorando- su producto) de vivir de su "arte", y de no caer en una autocopia constante, es decir, que tenga un público o una clientela que le permita reinventarse (que es algo también creativamente necesario), será un artista realmente feliz como tal, triunfador. Es el caso de Picasso y de no muchos artistas más.
Otros muchos artistas viven también de su oficio ( a veces incluso viven bien), pero son esclavos de un "estilo", un lugar común propio que se han creado y que se ha creado en torno a ellos, y que no les permite salirse del guión que se espera de ellos. Es el caso de artistas como Botero, por ejemplo, que a buen seguro estará hasta los cojones de pintar y esculpir gordas, pero se ha condenado a hacerlo porque sabe que es lo que se espera de él, su signo de identidad.
Y otros disfrutamos de una libertad creativa absoluta, porque no vivimos de lo que hacemos, lo primero es muy positivo, lo segundo no lo es tanto. Sería mejor, claro, tener esa libertad y vender todo lo que hiciéramos, pero siendo realistas eso es muy difícil, y la realidad es que no estamos tan mal.
Lo cierto es que los artistas somos gente que ejerce un oficio con una compleja llegada al público y que debemos de buscarnos como podemos una cuota de mercado por donde sea posible.
Como decía al principio, en el mercado del arte hay dos polos en los que se ha forzado a situarse al público, al receptor a quien va destinado el arte.Uno y otro usan lenguajes diferentes, saben bien cual es su modo de subsistencia y su modo de presentarse, su "marketing"

-El primero es el del ARTE OFICIAL, el arte que se supone de "primera división" porque es el que los "expertos" y las instituciones oficiales avalan y promocionan.
Este tipo de arte tiene un claro lenguaje corporativo. Este lenguaje bebe del diseño gráfico más actual, aunque con unos parámetros clásicos como diseño (minimalismo, referencias "retro", claridad visual, y un tono "alternativo" siempre visible).
Esto choca, y en principio de manera muy contradictoria, con la claridad del mensaje, que en principio debiera ser el objetivo del diseño y el marketing.
Cuando nos acercamos a un cartel de una exposición de arte de un museo de arte contemporáneo, pocas veces somos capaces de discernir qué es exactamente lo que se nos anuncia: una exposición, unas conferencias, un simposio. Las imágenes fotográficas que se utilizan redundan en esta estudiada indefinición, incoherente con el caracter del diseño.
Todo esto juega la misma baza que juegan este tipo de foros: un elitismo conceptual que esconda el supuesto "producto" artístico al gran público, por una razón muy sencilla: este producto artístico no necesita venderse, ya está pagado por todos nosotros, por lo tanto su supuesto marketing no es más que una pose, que ni siquiera pretende llegar al público sino situarse estilíticamente de una forma lo más coherentemente posible con esa "modernidad" posible, aunque de un modo bastante incoherente con el fín último del marketing, que es DIFUNDIR algo entre un público objetivo que se supone que debe ser cuanto más amplio mejor (algo que no busca, desde luego, este arte oficial).
En las inauguraciones de este tipo de exposiciones hay muchas gafas de pasta, muchas camisetas de moda y mucho alternativo, chicas con coletas, y sobre todo, muchos pinchos de tortilla, porque sino no habría nada de lo anterior. La gente habla muy bajito y de modo amanerado...En días sucesivos a la inauguración, es difícil que frecuente el lugar alguien que no sea el vigilante o el dueño de la galería.

-El otro polo es el ARTE MAL LLAMADO CLÁSICO, que también podríamos llamar arte "dominguero" o "marujo", dicho sea con el mayor de los respetos, porque al menos este tipo de arte sí es autosuficiente, y no dependiente del erario público misteriosa o arbitrariamente asignado, como ocurre con el arte oficial.
Sin embargo, este tipo de arte reduce su mirada a una concepción puramente contemplativa de la realidad. Cosidera el arte como un mero oficio imitador, y además sus adeptos ni siquiera suelen ser buenos imitadores de la realidad.
Es un arte cuya cuota de mercado es la población de edad avanzada, y que en el caso peculiar de este país, y por muchas razones, casi todas obvias, carece de una mínima cultura visual y plástica.
El marketing de este tipo de artistas sí pone en primer plano lo que vende: vende pinturas o esculturas de un caracter costumbrista muy claramente reconocible, renuncia al caracter creativo o interpretativo del artista, y a cualquier código visual que no sea un naturalismo pobre, anclado en lugares comunes: paisajes de puestas de sol, montañas, bosques, y en Galicia un empacho de hórreos, gentes humildes trabajando y casitas de las de antes, todo ello aderezado con exposiciones con nombres que también son lugares comunes: lembranzas, reencontros, terra, etc, etc...
Sin embargo, hay que decir a favor de este tipo de arte, que yo personalmente considero como tal con muchas reservas, que al menos sí tiene un público y a él se dirige, y es este público el que lo sostiene, y no el conjunto de los ciudadanos. Es una arte que tiene sus propios foros, como casas de cultura de provincias, casinos, ayuntamientos rurales, y salas de exposición de, digamos "segunda división".
Su público es gente con dinero suficiente como para gastárselo en cuadros, pero con una formación cultural inversamente proporcional. Con esto no quiero ofender a nadie, pero la cosa es así. En las inauguraciones de estas exposiciones se ven muchos abrigos de pieles, muchas canas teñidas de peluquería, mucho abrigo loden, y muchos pinchos de tortilla, porque sino no habría nada de lo anterior. La gente habla altísimo y las señoras ríen histéricamente, sobre todo cuando el vino empieza a faltar en las botellas.

Yo personalmente, voy a todas las inauguraciones que puedo de ambas esferas del arte, básicamente porque me gusta comer gratis, como a todo el mundo. Pero en ambas cuadrillas me siento exactamente igual de marciano. Cuanto más vino bebo, más ganas de huir me invaden, aunque no escurro el bulto hasta que se acaban las viandas.
Aun así, siempre me sorprendo siendo el único que además de comer observa las obras de arte, buscando algo que no suelo encontrar.

Yo creo que hay una tercera vía, un arte que sí comunica a mucha gente, pero que no tiene acceso a los foros de la primera división, que lo consideran "no moderno", ni a los foros de segunda porque lo consideran "demasiado moderno". Un arte que tiene que batirse el cobre en tierra de nadie, pero que a la larga es más considerado por el público, porque es más personal, es realmente el fruto de una búsqueda interior, sin las taras del comadreo con el arte oficial, ni del marujeo de la artesanía de tienda de muebles.
Como ejemplo sirvan los artistazos que enlazo en este blog...y otros muchos..sólo hay que buscarlos, porque desgraciadamente no están en los escaparates.

sábado 5 de enero de 2008

LA BÚSQUEDA DE LA BELLEZA

En los círculos próximos a los nuevos gurús del arte se proclama la novedad de que el arte ha dejado de buscar la belleza, y que "ahora" eso ya no se lleva.
En el Babelia, suplemento de El País del 5 de enero de 2008 aparece un artículo que se hace eco de lo que los "expertos" consultados llaman el "esplendor de la fealdad".
Se afirma que el feísmo ha conquistado el gusto popular.
Pero, realmente, es eso cierto?¿El llamado "feísmo", que existe, ha conquistado el gusto popular de verdad, o ha conquistado (o se ha apropiado) de los foros punteros del ARTE? .Y si es así, ¿representan estos foros del ARTE actual el gusto popular?
Yo creo que no sólo no lo representan, sino que más bien lo desprecian.
Es muy ilustrativo como el extensísimo artículo de El País recoge muchas opiniones, entre ellas las de ilustres semióticos como Umberto Eco, pero se echa de menos la opinión de un sólo artista.
En él hablan historiadores, algunos atinados en su discurso, y otros simplemente manipuladores de datos históricos, que moldean al gusto de una teoría que en absoluto es novedosa. El debate de la belleza en el arte es tan viejo como el arte.
Leonardo, esteta hasta la médula, seguidor del clasicismo romano, artista renacentista, no excuía la fealdad humana de sus modelos, y siempre hubo artistas, desde Goya a Peter Witkin, en los que el concepto de "belleza" no era tan limitado como para ciscunscribirse a lo simplemente "bonito".
Pero estamos hablando de diferentes conceptos, y en esa confusión se alimentan estos inventores de la pólvora que ahora dicen que acaban de descubrir la fealdad artística: Una cosa es lo BONITO y otra es la BELLEZA. Lo bonito es un concepto puramente ornamental, hueco, que no tiene que ver con cánones, o al menos no está ligado de forma excluyente a ellos. Y otra cosa es la BELLEZA, un concepto que va mucho más allá del ornamento, que a mí se me hace imposible de explicar, pero que estoy seguro que busco en cada cuadro que pinto, en cada viñeta que dibujo o en cada cosa que hago.
El arte siempre ha buscado y siempre buscará la belleza, y la buscará también en lo feo y en la fealdad, que no es algo bonito pero sí puede ser bello.
Las meninas es un cuadro en el que aparecen personas deformes, pero es un cuadro presidido por un sentido de búsqueda de belleza que ha perdurado durante siglos y que perdurará siempre, porque no está sujeto a modas, ni estilos ni cánones.
Lo mismo los dibujos de ancianos desnudos de Leonardo, o las pinturas negras de Goya.
Probablemente la escena que tenía ante sus ojos Velazquez cuando pintó las Meninas, no le ponía mucho. No debe ser una escena muy atractiva una habitación bastante vacía, ocupada por varias enanas y un perro. Posiblemente fuese más agradable a la vista, más bonita, la escena que presenciaba Picasso cuando pintó Las Señoritas de Avignon. Pero ambos extrajeron belleza de lo que veían, y ambos lo hicieron de manera muy distinta.
Supongo que la visión de los efectos del bombardeo de Guernika no era un plato de gusto visualmente hablando, pero el cuadro que hizo Picasso con ello sí lo es, el sacó belleza de la tragedia, iluminó la oscuridad, por eso es un artista, eso es el arte.
Hay belleza en las fotografías de cadáveres de Joel Peter Witkin, que consigue mostrarnos como bello la pura deformidad humana, como hace Cronenberg en sus películas.
Hay mucha belleza en las performances y en la obra de Marcel-li Antúnez, que juega con vísceras, y con elementos aparentemente desgradables, o cuanto menos, no-bonitos.

Pero reivindicar lo "feo" como arte en sí, como si en el arte la búsqueda de la belleza hubiese dejado de ser el motor de todo lo que se hace, es simplemente una gilipollez.
Es coger la parte de un concepto por el todo, inventar una teoría que ya es tan obvia como decir que en cualquier persona hay cosas malas y cosas buenas, y un lado oscuro que siempre puede resultar fascinante o bello, a veces tanto o más que el lado amable. Pero eso ya lo sabemos todos.

Cuando los "gurús" del arte hablan de la "muerte de la belleza", simplemente intentan EXCLUIR, intentan reducir el redil o el abrevadero en el que vender sus teorías. Con este argumento tratan de desacreditar el arte que sí asume que busca la belleza.
Que un artista busque la belleza no significa que se dedique a pintar puestas de sol, o que haga macramé con lanas doradas, o que fotografíe sólo a hembras de la Mansión Playboy.
No significa que sea un artista menos contemporáneo o menos moderno que el que dice rechazar la belleza (cosa que es humánamente imposible).
En la Facultad de Bellas Artes (que por algo tendrá ese nombre desde hace siglos) nos insistían de forma a veces exasperante en que "el arte no tiene porqué ser bonito", y empleaban el calificativo de "bonito" siempre de modo peyorativo, como si de una secta se tratase, englobando en el concepto de "bonito" a todo aquello que osara buscar la belleza, y no el aburrimiento y el supuesto mensaje conceptualizado que ellos consideraban única vía artística.

En el artículo del que hablo se hace referencia además, al argumento de siempre, de justificar esta supuesta popularización de lo feo (inédita, según el que lo escribe) en base a una supuesta intención "transgresora, de rebeldía, provocación y subversión"...
La transgresión sí puede tener algo de BELLO, de atractivo, en tanto en cuanto sea transgresión realmente, y en el caso de la belleza y el arte, en tanto que rompa unos cánones oficiales que encorseten la cratividad y el gusto social imperante. Lo que ocurre es que los cánones oficiales están mucho más cerca de los que hoy se dicen transgresores de la belleza, que de los que dicen que la buscan, que dentro del artisteo son, hoy por hoy, los únicos transgresores, rebeldes y subversivos que yo conozco.
En el citado artículo de El país hay un fragmento bastante revelador que dice:"Lo feo en toda la extensión de su sentido, que va desde lo grotesco al horror, pasando por lo ridículo y lo estrictamente feo, está en el centro del arte a partir del Romanticismo. Desde entonces la belleza como tal deja de tener interés para el arte, ahí están desde los fusilamientos de Goya, hasta cualquier obra de Pollock", asegura Antoni Marí, escritor y catedrático de Estética y Teoría de la Universidad Pompeu i Fabra, de Barcelona. Atrás queda la belleza como experiencia positiva y gratificante."
Este teórico (evidentemente, que no artista), maneja los datos históricos como si fuera un taco de plastilina, mezclando a su antojo años y siglos, y con la típica pérdida total de perspectiva que acompaña a muchos teóricos con exceso de celo, que acaban diciendo enormes estupideces, como esta joya de que "desde el romanticismo la belleza deja de tener interés para el arte".
Para rematar la faena, sin duda merecedora de las dos orejas y el rabo (del tipo que ha afirmado esto, claro), nos remite a los fusilamientos de Goya y a la obra de Pollock.
Si en ellos no ve belleza este señor, es mejor que cambie de oficio.

miércoles 2 de enero de 2008

NO TE METAS EN POLÍTICA...

El "feísmo" artístico auspiciado desde la oficialidad es tan evidente que muchas veces lo propios políticos se rebelan ante el monstruo que por otro lado, ellos mismos han creado.
Rastreando hace unos días por internet encontré una noticia, de hace ya unos 5 años, an la que se comentaba como el secretario de Estado de Cultura británico, Kim Howell, arremetía contra el jurado del Premio Turner y contra los premios de dicho certamen, que viene a ser como un premio nacional británico de arte..los calificaba literalmente como "mierda conceptual", y se quejaba de que el jurado era "un puñado de presuntuosos vestidos de negro que hablaban un lenguaje impenetrable", mostrando además su disgusto porque afirmaba que el mundo del arte había sido "colonizado por una élite que actúa como si sólo ellos estuvieran autorizados a hablar sobre el tema".
Terminaba diciendo que si eso era lo mejor del arte británico, entonces el arte británico estaba perdido.
Son palabras inusualmente honestas para un político en activo, y con responsabilidad de gobierno en el ámbito de la cultura, además. Tanto es así que hicieron brotar cientos de adhesiones, principalmente de artistas, que mostraron por carta su total acuerdo con el ministro, que respondió a estas afirmando : «Anoche (en la entrega de los Premios Turner) vimos a esa brigada en acción, con sus trajes oscuros y sus camisas negras y el incomprensible barbullar que siempre les acompaña. Ellos son el establishment, y el arte que apoyan es el que se encuentra más próximo a ese oscurantismo y elitismo que ellos practican».
Es curioso que hasta un político tilde de "establishment elitista" a esta nueva estirpe de "entendidos" que se han hecho con el control de grandes museos, eventos e instituciones públicas artísticas a base de predicar e imponer el anti-arte y la negación de cualquier tipo de arte que no sea el oficial, y hayan conseguido, no sólo que nadie los saque de donde nunca debieron estar, sino que nadie discuta sus postulados por temor a parecer "fuera de onda".

Durante el mismo rastreo encuentro unas palabras muy críticas de Perez Villalta sobre el arte autoproclamado contemporáneo, en las que afirma: "Hay un cierto sector que le da mucha importancia y que te llama reaccionario si te sales de lo establecido y dices que eso te parece una chorrada. Por esto se han dejado pasar muchas cosas. Ha habido muchas chorradas, el 80% del arte contemporáneo son chorradas. Habrá un 20% que realmente es arte, pero el resto no."

Parece que la repulsa al concepto neo-académico (cínicamente autoproclamado antiacadémico) de arte no es minotitaria. Probablemente pocas ideas haya tan mayoritariamente arraigadas en nuestra sociedad como la de que la mayoría de lo que se nos vende como "arte contemporáneo" no es más que mierda.
Entonces..¿porqué persiste esta dictadura, este hastío, este aburrimiento, esta búsqueda de "nuevas vueltas de tuerca" a tuercas que llevan ya muchas décadas pasadas de rosca?

La respuesta es sencilla. En todas las dictaduras la gente, mayoritariamente, calla, se inhibe, no opina, o si lo hace, se asegura de hacerlo en un ambiente lo suficientemente hermético para que no se sepa que piensa "diferente"-sin darse cuenta que a lo mejor todos piensan diferente-.
No hay más que recordar que nuestro insigne Paquito (el chocolatero no, el otro), murió de viejo y sólo la enfermedad lo hizo agonizar. Podría pensarse que si nadie le hizo realmente frente en 40 años fué porque todo el mundo estaba con él...pero no es así...sólo 7 años después de su muerte, el país entero se volcaba en las urnas para dar el poder a un partido radicalmente opuesto.
De repente, a rey muerto, todo el mundo era antifranquista "de toda la vida"..qué curioso, no parecía lo mismo cuando el caudillo estaba vivo...pero este ejemplo del carácter esencialmente cobarde del ser humano se da en otros muchos ámbitos, y en el intelectual y artístico no iba a ser menos.
En este blog y en el de mi amigo Anxo aparecen a veces comentarios que de un modo medio amistoso, nos instan a "ser más abiertos" con todas las opciones artísticas...PERO, ES QUE NO LO SOMOS?..Nosotros no negamos más que a quien niega, a quien monopoliza y uniformiza.
No somos enemigos del autonominado "arte contemporáneo". Pero estamos hartos de la actitud tiránica de ese supuesto "arte moderno" y de la uniformidad y aburrimiento estético al que nos abocan como espectadores, y a la exclusión a la que nos obligan como creadores.
No estamos en un mercado libre de arte, señores, no se engañen, vivimos una situación de monopolio en lo que respecta a los circuitos oficiales de arte, un monopolio que es evidente para todo el mundo, excepto, paradógicamente, para los que se dicen entendidos.
Pero todavía hay tontos útiles que, con su buenrrollismo pusilánime, ponen más ladrillos en este muro...son esos que te ponen la mano en el hombro y te dicen "no te metas en política".
Un día un señor mayor, bastante borracho, me estuvo dando la chapa sin venir a cuento en el banco de una estación de autobuses. Me decía que en tiempos de Franco se vivía mucho más tranquilo que ahora, que yo no podía saberlo porque no había nacido, pero que para un ciudadano "de bien" era todo tranquilidad, "excepto, claro, si te metías en política...entonces te mataban...pero si no te metías en política vivías como un rey".
El disurso de este señor ya lo había oído antes, pero a gente sobria y mucho más joven: algunos de mis compañeros de la Facultad de Bellas Artes, que cuando yo mostraba públicmante mi actitud beligerante con muchas miserias que se sucedían allí a diario me decían, siempre en voz baja y en privado: "no te hagas mala sangre"..."yo estoy de acuerdo contigo, pero...".
En fín, el cuento de siempre,..."sí, somos víctimas de una tiranía, pero cállate, no jodas el orden en el que todos nos queremos acomodar", dicho en palabras más claras.
Los comentarios amistosos que a veces aparecen en nuestros blogs van también en la línea "no te metas en política", "no remuevas la mierda"...pero ¿porqué no?

El principal aliado del "feísmo" y el "aburridismo" estético es el silencio. El decir siempre "esto es una mierda" en voz baja y mirando hacia los lados, en vez de decírselo bien alto al "comisario" de turno que nos ha hacho perder el tiempo publicitando una exposición de arte que luego no era tal.
Si una cosa nos parece una mierda ¡DIGÁMOSLO!, a coro y con aspavientos, escupiendo incluso, hinchando las venas del cuello y mentando a las madres de los responsables...no pasa nada, hombre, ahora ya no fusilan por decir lo que se piensa.