viernes 20 de mayo de 2011

EL PAPEL DE LA CULTURA EN TODO ESTO

Hace tres años publiqué en este blog una entrada en la que hablaba de cómo nuestra sociedad estaba al borde de cambios que se tenían que producir por puro agotamiento de nuestra "forma de vida" basada en un supuesto bienestar que no es tal, y que realmente suponía someterse a una vida de esclavos bajo una ensoñación, a imitación del "sueño americano", que nos hacía creernos sujetos activos en un proceso de consumismo ilimitado en el que el propio valor de ese consumo desaforado se había convertido en un fín en sí mismo.
Esto tiene una relación muy importante, a mi modo de ver, con el papel que la cultura y el arte ha jugado en las últimas décadas, de supuesta "bonanza económica".
En ciertos aspectos no hay duda de que la vida imita al arte: el proceso especulativo cíclico como forma de vida y la conversión de los medios en fines, la pérdida de valores...todo ello son enfermedades que ahora estallan en la sociedad "real", pero que ya vienen precedidos por el comportamiento del arte.
En esto hay un concepto clave que es la ESPECULACIÓN, y que se ha propagado en la sociedad como un cáncer que ha contaminado a los propios ciudadanos, en el sentido de que ahora se han convertido en víctimas, pero en cierto modo también son (somos) culpables.
El comportamiento especulador se basa en un principio muy básico, que es el de comprar algo por menos de lo que vale, someterlo a un proceso de márketing y de puesta en valor ficticio, y venderlo por mucho más de lo que vale, es decir, la estafa pura y dura.
En el mundo de las artes este comportamiento ha existido desde hace mucho tiempo, amparado por teorías de vanguardia y por la connivencia no sólo de intereses privados, sino también de poderes públicos que han confundido (por ignorancia más que por complicidad) el tocino con la velocidad y han creído que ser moderno era eso, abandonarse a la idea de que el arte era ese proceso especulativo en el que los medios eran los fines y que la especulación, la venta de basura a precio de oro previa conversión en valor ficticio, eran realmente el motor del arte y de la cultura.
Los museos e instituciones públicas se han convertido desde hace tiempo en cobijo de ese tipo de arte fieramente especulativo, en el que el artista se ampara bajo el comodín de la IRONÍA para justificar un posicionamiento de evidente baja catadura moral, y la sociedad lo asume por la simplea razón de que no tiene vías ni canales de opinión al respecto, más allá de la indignación silenciosa.

El HARTISMO denunció desde su creación esta contradicción ética de la cultura oficial que padecemos, en la que ese maldito concepto de "ironía" se ha convertido, en verdad, en vanguardia, porque ha precedido realmente a un comortamiento generalizado de la clase política y las instituciones, que se comportan cada día más como un poder despótico en el que el ciudadano no tiene la más mínima voz, y para el que el derecho al voto se ha convertido en un simple placebo para idiotas.
Pero como la gente no es idiota, he llegado un momento en el que todo esto se ha puesto en tela de juicio de golpe, y en el que le indignación se ha hecho evidente y manifiesta sin miedo.

No sólo hay HARTISMOS en el arte, parece ser que en esta sociedad hay muchas razones para estar harto, y tienen todas una misma raíz y un mismo fondo, una forma de vida y de organización social que se agota, y cuyo agotamiento se ha hecho evidente en cuanto ha habido un medio (la red) que ha interconetado a la gente y le ha permitido ver que no está sola en su hartazgo.

En aquel artículo,de 2008, en este mismo blog, ya hablaba (y no es que vaya de profeta por la vida, es que se veía venir), de que los hartazgos que se vislumbraban en el mundo de la cultura y el arte acabarían produciéndose también en la sociedad, y aquí están.

Creo que en este momento el mundo de la cultura debe también tomar conciencia de que le corresponde también hacerse eco de todos los hartazgos que crecen cada día...el mundo del arte y de la cultura, en cierto modo, también ha sido cómplice de todo este "dejar hacer" que ahora revienta. Nuestra cultura de la subvención y de la supuesta protección a la cultura ha sido en el fondo un proceso de censura incruento, un silenciamiento institucional del que muchos creadores y editores son, o hemos sido, corresponsables.
Hemos visto como los gobiernos y las instituciones se han cansado de crear supuestos parapetos y mecanismos de protección a la cultura, que no eran tales (la SGAE, sin ir más lejos).
No sólo en muchos casos defendían industrias no precisamente autóctonas, como la industria cinematográfica norteamericana, so pretexto de hacerlo con el "cine español", sino que de aso se aseguraban tener apaciguado a un sector potencialmente hostil con el poder establecido como la cultura, que se ha amordazado por sí sola en las últimas décadas a golpe de subvención.

No se trata de hacer cultura panfletaria, sino cultura libre, como no se trata de hacer una sociedad panfletaria, sino una sociedad libre, en la que la "ironía" no sea una zona oscura de la ética en la que refugiarse para convivir con un sistema que ya lleva podrido mucho más tiempo de lo que parece.

Salud y fuerzas a las HARTOS. Yo también lo estoy, y mucho

martes 31 de agosto de 2010

II DÍA DEL ORGULLO PINTOR, EN SANTIAGO


El sábado, 4 de septiembre, vamos a celebrar en Santiago la 2ª FIESTA DEL ORGULLO PINTOR. Como el año pasado, están invitados todos los pintores, dibujantes, ilustradores y similares que quieran pasar una tarde pintando o dibujando en (buena) compañía.
Estaremos a partir de las 5 de la tarde en los alrededores del CGAC, y a eso de las 9 iremos al estudio de Méndez a continuar la fiesta.
Esta quedada, organizada por los miembros del Hartismo, intenta poner en valor, reivindicar la pintura como Arte, como arte tan Contemporáneo como el que está dentro de los museos que llevan ese nombre.
Creemos que este concepto sin sentido, el de "arte contempóráneo", ha llevado a una dinámica que ha llenado los museos públicos (de "arte contemporáneo") de engendros infumables y de no-arte aburrido, que cada vez está más alejado del público que, directa o indirectamente, lo paga.
Para ello, a golpe de presunta teoría estética, se ha desplazado de este concepto (el de "contemporáneo"), a la pintura y el dibujo, como si fueran formas de arte obsoletas, y se ha condenado a pintores y dibujantes al ostracismo, a ser artistas de segunda categoría, excluídos de este tipo de museos y de espacios que sólo entienden como contemporáneo el arte que refleje las teorías que sustenten todo este absurdo.
Pero en fín, esto va a ser una jornada de fiesta....simplemente vamos a salir a pintar y a pasarlo bien, para que quienes dirigen este tipo de sitios caigan en la cuenta de que la pintura, mal que les pese, sigue existiendo.
Lo dicho, quien le apetezca ir, allí nos veremos...

sábado 17 de julio de 2010

BELLA CONTRA BESTIA


El día después de la final del Mundial de fútbol de Suráfrica, el diario británico Dailymail describía muy acertadamente la victoria de España sobre Holanda con el titular "Beasts 0 Beauty 1". Después de ver el partido, y teniendo como recordatorio esta foto, que para este periódico fue portada, no hace falta explicar porqué.
No soy nada amigo de los símiles futbolísticos, de los que abusan nuestros políticos infantilizando muchas veces su discurso. Pero hablando sobre ARTE creo que que sí tienen algo de sentido. La vocación lúdica y estética, de gran espectáculo, que se encuentra en los deportes, y especialmente en el futbol, lo hace de alguna manera cercano al arte.
Y como en el arte, hay en el fútbol dos corrientes contrapuestas que siempre han coexistido y se han (o se les ha) enfrentado: el gusto por la belleza, el espectáculo, el respeto al espectador, contra el interés único y exclusivo por el resultado, el catenaccio, el desprecio por quien paga la entrada.
BELLO contra FEO, en resumidas cuentas.
A priori no hay nada que objetar en que coexistan dos (o más) maneras de entender un deporte, un arte, o una forma de vida, de hecho es deseable que exista más de una. No sería interesante ver un mundial de fútbol si todo el mundo jugase como España (y bastante menos si todos lo hicieran como Holanda). La homogeneidad aburre, la diversidad enriquece.
Sin embargo, durante los últimos tiempos, y hablo ahora de ARTE, la BELLEZA, la búsqueda de lo BELLO, entendiendo esto en un sentido amplio, no simplemente estético, se ha denostado y a pasado a considerarse desde los circuitos oficiales como algo cursi o naif, como si la fealdad fuese algo intelectualmente más interesante por defecto, o como si el hecho de no buscar necesariamente la belleza implicase por fuerza abrazar la fealdad, y el no-saber-hacer como un dogma de fe implícito a sangre y fuego en todo arte contemporáneo.
Muchas veces, demasiadas, la negación de la función del arte como una búsqueda de la belleza obedece, no a una conclusión conceptual e intelectualizada, como se quiere hacer ver, por parte de los artistas que defienden esta opinión, sino a una incapacidad o una imposibilidad de seguir ese camino, de emprender esa búsqueda, por algo tan simple como la carencia de talento.
Esta final del mundial, y muchos otros partidos de fútbol que he visto, sobre todo en esta competición, y con la selección española de por medio, me ha recordado un poco a esa idea. Un equipo con talento y ganas de ejercer su trabajo (jugar) es contenido por otro equipo que se aferra a las tan contemporáneas teórias de la deconstrucción. Es decir, destruir el juego del contrario, no proponer uno propio.
La excusa es muy fácil de plantear: "no todo el mundo tiene porqué jugar de la misma manera"..."no todo el mundo tiene que jugar al ataque, tener la posesión del balón"...vale, esta excusa tiene validez si se juega dentro de la acotación que permiten las reglas, pero si se sobrepasan (como ocurre casi siempre que se hacen este tipo de planteamientos), estamos ante un discurso, y ante un juego, evidentemente tramposo, y en cierto modo, usurpador: si no puedes o no sabes competir jugando, no juegues. Si no sabes proponer construyendo, y sólo destruyendo, no le protestes al árbitro.
La actitud que he visto en el equipo de Holanda en esta final del Mundial, actitud que ha abochornado a muchos de sus ilustres futbolistas, como Cruyff, o Gullit, es muy similar a la que he visto en gran parte del arte contemporáneo oficial en los últimos años: presentar el no-saber-hacer como una virtud, y el saber-hacer como un defecto, la destrucción como una manera de construcción más válida que la construcción en sí misma, y en resumidas cuentas, considerar la fealdad como una opción válida, y la belleza como algo sospechoso.
Lo bueno del fútbol es que lo ve mucha más gente que al arte (contemporáneo) y por tanto este tipo de discursos bizarros (así los describe el Dailymail cuando habla de las protestas de los Holandeses sobre el arbitraje) no engañan a nadie.
En el mundo del arte, los discursos tramposos de los defensores de la fé contemporánea tampoco engañan a nadie..la diferencia es que el público hace ya tiempo que ha huído, y ni tan siquiera se presta a pagar para ser engañado.
Seguirá habiendo en el mundo de la creación, del espectáculo, de las artes...quien defienda la prfesionalidad, la conceptualidad, la no-belleza y la deconstrucción. Están en su derecho a hacerlo (pero, por favor, sin trampas).
Y sequirá habiendo, y por supuesto, con el mismo derecho, quienes, como yo, defiendan la creación, el arte, el espectáculo (y el fútbol) como una búsqueda de la belleza, como una forma de conmover al espectador para la que el talento es necesario, y donde dar patadas al contrario no sirve más que para evidenciar que el talento está en ese contrario y no en tí.

domingo 24 de enero de 2010

CAG ARTE


Los debates sobre arte no necesitan de museos, galerías ni tertulias llenas de humo, ni siquiera tertulianos interesantes. A veces pueden surgir de improviso y a traición en programas como La Noria, (a veces lo veo, si, ¿qué pasa?), que ayer nos brindó unos buenos momentos para la estupefacción, pero muy ilustrativos sobre ciertos derroteros que ha tomado el arte.
El debate en sí iba sobre Eurovisión. Como muchos sabrán, Telecinco ha intentado repetir la gracia que hace dos años urdió La Sexta, que presentó a un pseudo cantante, Chiquilicuatre, con aquella canción broma, el Chiki Chiki, con la que al final quedamos mejor en Eurovisión que cuando hemos participado en serio.
El caso es que la cadena amiga ha querido apuntarse un tanto parecido, olvidando que los chistes repetidos ya no hacen gracia, y ha presentado a la ronda de votaciones populares nada más y nada menos que a KARMELE cantando una canción, muy oportuna por cierto, tal y como están las cosas por el Caribe, titulada Soy un Tsunami.
Si la canción de por sí es lamentable, la puesta en escena de la intérprete sobrepasa con creces el límite del bochorno y la vergüenza ajena que un ser humano es capaz de soportar sobrio. Un personaje creado para la ocasión que es una mezcla entre la gallina caponata con diez copas de más y una de las cantantes de las Vulpes 40 años después de su (tampoco muy afortunado) show.
La canción, para más inri, contiene estrofas fascistoides que hablan sobre "los chinitos", y alguna más que ya no recuerdo porque nisiquiera quiero acordarme.
Después de una feroz campaña por parte de Telecinco intentando hacerle a la Primera la rima que todos estamos pensando, la cadena estatal optó, con buen criterio, por eliminar sin más a Karmele, y sin dar unas explicaciones que nadie en este caso merece.
Ella aparecía ayer en La Noria, simulando estar afligidísima (o estándolo de verdad, lo cual es peor aún) diciendo que TVE había cometido un acto inconstitucional (sic), que las personas que habían tomado esa decisión tenían que dimitir (sic también), y que ella iría a Oslo (a Eurovisión, vaya) como fuera.
En el debate que se improvisó en el plató sobre esta cuestión había alguna persona que defendía la participación de Karmele (Belén Esteban, por ejemplo), y otros que, con bastante más tacto del que merecía esta señora, trataban de convencerla de que ella no es una cantante y que estaba haciendo el ridículo.
Ahí es donde entró el argumento de la tal Karmele, que dejó todo el ridículo anterior en pura anécdota. Dijo que no tenía importancia que cantase bien o que cantase mal, y que "hay que abrir la mente" y "no ser elitista"y que, en suma "el arte es de todos" .
Inmediatamente esta frase me retrotrajo a los tiempos de la Facultad de Bellas Artes, en los que los alumnos más vagos, más jetas, más incapaces y con menos ganas de aprender ni de comunicar trataban de aprobar a base de presentar mierdas muy poco o nada curradas bajo la consignas como "todo el mundo es artista", o que "hay que abrir la mente". Una actitud que después veo reproducirse en museos, espacios de Arte Contemporáneo, etc etc.
Como los profesores que padecimos venían de la misma escuela, era a este tipo de alumnos a los que aupaban, promocionaban y protegían, como si el saber hacer las cosas bien, o al menos intentarlo, que es lo que hacíamos los otros, fuese un acto de maldad, de competitividad elitista, contra el hacer indocumentado, imporvisado y zafio de los "buenos salvajes" del "todo el mundo es artista".
Me hace gracia esta vocación "democrática" del arte, para la que todo el mundo (que pueda y tenga un rodillo de promoción detrás, claro) puede servir como artista, pero sólo una minúscula élite (formada por quien ellos concedan) puede servir como crítico o público documentado y creíble.
Veo en el intento de Karmele y Telecinco la misma furia usurpadora y enmierdadora de gran parte de la oferta de arte contemporáneo que aparece en nuestros museos.
De repente alguien sin la más mínima formación, sin nada que decir, y sin posibilidad ni habilidad para hacerlo, se declara artista, atraído por los oropeles del Museo, por el artisteo, y por la posibilidad de acceder a sus cinco minutos de fama, por una puerta que no le corresponde.
Se parapeta en un discurso cínico, cerrado y bien blindado , según el cual no se le puede negar a nadie ser artista,... y ya está hecho.
Yo no diría que Eurovisión es un festivalazo de la música y que me compro los discos de los que aparecen allí, más bien diría que es, hoy día, un monumento al kitch.
Pero hasta dentro del kitsch hay arte y hay basura, y la intentona de la cadena de Berlusconi (otro artista) no ha colado.
Eso dice bastante del mundo de la tele y de los festivales de la canción...el cachondeo y la tomadura de pelo al espectador tiene un límite.
En el mundo del arte, del arte contemporáneo, hace mucho tiempo que se ha rebasado el límite, hace demasido tiempo que nos meten Karmeles por artistas.
Demasiadas Karmeles.

viernes 18 de diciembre de 2009

EL CANTO DE CISNE DE LA CASPA


Hoy, en el Diario EL PAIS aparece un excelente artículo del escritor Rafael Argullol, en el que habla de las miserias del Arte Contemporáneo, y el inexplicable servilismo que un importante sector de la intelectualidad, y también las instituciones públicas, han rendido y rinden a un arte oficial ya caduco, dictado por las casas de subastas, y por los beneficiarios de un mercado hiperinflacionado y enemigo del talento y de todo lo que se ponga enfrente, enfrente lo que se ha convertido en una de las mayores estructuras del timo, el propio "arte contemporáneo".

Los HARTISTAS hace tiempo que decimos abiertamente y sin complejos que lo que hoy se vende como transgresión no es más que docilidad y oficialidad, y lo que se vende como vanguardia no es más que caspa. Pero es importante que voces autorizadas como la de Argullol también rompan está ridícula Omertá, este miedo que impide exteriorizar a mucha gente lo que es un secreto a voces: que la mayoría de lo que nos venden como arte contemporáneo no es más que mierda, y además, mierda agresiva, beligerante con el talento y con la sensibilidad artística, que de ninguna manera ha muerto en el público.


En fín, el artículo entero puede verse en este enlace,


y por si no se puede ver, lo reproduzco a continuación...


Bien por Argullol!....:


ARTE ENTRE TIBURONES


Al parecer, hay dos versiones sobre la muerte del marchante francés Ambroise Vollard en 1939, y en las dos interviene indirectamente Arestide Maillol. Según la primera, Vollard murió accidentalmente al ser golpeado por un bronce de Maillol que se deslizó por la repisa situada tras los asientos de su coche cuando el chófer del vehículo frenó bruscamente. De acuerdo con la otra versión, fue precisamente el chófer quien le asesinó al golpearlo repetidamente con la estatuilla de Maillol. En esta versión menos romántica el chófer era un asesino a sueldo de otro marchante. Sea como fuera, Vollard, a su muerte, era un hombre extraordinariamente rico que había convertido el arte en negocio con una habilidad sin precedentes. Picasso fue uno de sus artistas más notables, aunque es probable que su mejor operación financiera fuera la compra de 250 lienzos a un endeudado Paul Cézanne por 50 francos cada uno. Estos cuadros fueron vendidos, más tarde, por 40.000 francos y actualmente aquel fabuloso conjunto costaría en el mercado entre 3.000 y 4.000 millones de euros.
Se ha impuesto una idea reaccionaria del arte que traduce el valor artístico en términos económicos. Nadie puede oponerse al poder de Christie's y Sotheby's
Quien ha calculado el valor de los lienzos de Cézanne y recordado el misterio de la muerte de Vollard es el economista y experto en arte Don Thompson en el libro El tiburón de 12 millones de dólares, publicado en Londres el año pasado y recientemente traducido aquí. El libro de Thompson, rigurosamente documentado, puede ser leído desde varios ángulos. En apariencia, y como indica el subtítulo de la edición española, debe considerarse un estudio sobre la economía del arte contemporáneo y la función de las casas de subastas internacionales, como Christie's y Sotheby's a la cabeza. También es la historia pormenorizada de un gran fraude en el que los especuladores se mueven con la misma impunidad que los más distinguidos tramposos de Wall Street. Por último, El tiburón de 12 millones de dólares podría utilizarse como un excelente informe para explicarnos cómo ha podido convertirse en hegemónico un arte fraudulento auspiciado por engranajes mercantiles en los que la ignorancia con respecto a la gran tradición artística (incluida la vanguardista) sólo es superada por la codicia.
Este último aspecto es el que más me interesa, dado que las demás cuestiones quedan suficientemente aclaradas por el propio Thompson con un alud de datos difíciles de desmentir. En otras palabras, lo atractivo, creo, es preguntarnos cómo se ha impuesto, casi sin resistencia, una idea tan reaccionaria del arte para que tanta gente traduzca el valor artístico en términos económicos y mediáticos hasta encontrar lógica la confusión del estilo artístico con la marca comercial. Thompson demuestra de manera fehaciente cómo en las últimas décadas la imposición de la marca haigualado por completo el mercado del arte y los otros mercados.
La selección de artistas-marcas se ha realizado con los mismos criterios que la de los otros protagonistas emblemáticos del engranaje mercantil, con un creciente desinterés por el talento artístico a favor de la "capacidad de impacto". La consecuencia inmediata de este proceso ha sido la sistemática postergación de todos aquellos que no encajaban en el prototipo u ofrecían resistencia desde su particular concepción artística.
De hecho, el arte mercantilmente hegemónico de nuestros días, y el único visible en los medios de comunicación, es un arte en el que no hacen falta artistas ni críticas ni conaisseurs, ni público si quiera, con tal de que unos subasteros suficientemente poderosos hagan visibles marcas reconocibles. El impacto de la marca, metamorfoseado en obra, es el que influirá en los pujadores millonarios y en los responsables de los "museos contemporáneos", quienes, con dinero público, contribuirán a certificar el valor artístico de lo que inicialmente en la mente de los especuladores, es una operación especulativa.
Naturalmente, el tiburón al que se refiere Don Thompson en su título es el de Damien Hirst, el mayor fabricante de productos de impacto en los últimos lustros y taxidermista más bien mediocre, como lo demuestra el hecho de que su renombrado escualo conservado en formaldehído se deterioró hasta el punto de tener que ser sustituido por otro ejemplar. La elección de Hirst es acertada porque el carácter diáfano de su trayectoria lo hace representativo: no tanto, por supuesto, desde la perspectiva de sus propuestas materiales (lo que nos llevaría a la enojosa e irresoluble cuestión qué-es-una-obra-de-arte) sino del encaje en el engranaje que proporciona al mundo los artistas-marca. Thompson analiza con perspicacia cómo un tiburón australiano mal disecado, al que se ha titulado con perfecta arbitrariedad La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo llega a ser valorado en 12 millones de dólares y, en consecuencia, es transformado en una obra de referencia para el arte contemporáneo.
La supuesta provocación de Hirst es, desde luego, un puro cálculo, pero esto, aunque evidente para todo, no evita que se incorpore al circuito de la autoridad artística, y a esa autoridad se remitirán compradores particulares, museos contemporáneos públicos y bienales de arte encargadas de mostrar lo que verdaderamente cuenta. Lo retrógrado de la concepción que toma como baluarte a los Damien Hirst o Jeff Koons no se fundamenta en la lluvia de millones que cae sobre las cabezas de los que acatan el sistema, sino en la exclusión de los que, con igual o mayor talento, no lo acatan. El mercado usurpa todo el territorio pero, como afirma el crítico de arte Jerry Saltz, "el mercado es una tormenta perfecta de palabrería, interpretaciones sesgadas y especulaciones, una combinación de mercado de esclavos, parqué de bolsa, discoteca, teatro y burdel, donde una casta cerrada y cada vez más numerosa celebra unos rituales en los que los códigos de consumo y distinción se manipulan a la vista de todos".
A pesar de esta evidente manipulación, la tormenta perfecta se abate sobre todos los ámbitos privados y públicos. Con impecable lógica mercantil, los inversores compran productos que puedan reportarles rápidos beneficios; pero lo más demoledor es que los grandes museos acepten las mismas premisas e incorporen a sus fondos, como muestras del arte actual, las mercancías colocadas en el escaparate por los especuladores. En los últimos años, centros de referencia como el MOMA de Nueva York o la Modern Tate de Londres se han plegado a las exigencias de los subastadores y, con frecuencia, si no han adquirido determinadas obras ha sido porque algún nuevo rico ruso o algún excéntrico millonario japonés los ha superado en las pujas. A escala local, cientos de "museos de arte contemporáneo" han actuado según la misma servidumbre, creando así un canon sobre lo que significaba contemporaneidad en el trabajo artístico. A nadie le ha importado que Hirst confesara que eran sus técnicos, y no él, quienes llevaban a cabo las obras que él firmaba. Nadie ha reaccionado porque ya nadie, en las llamadas instituciones artísticas, puede oponerse al poder de Christie's y Sotheby's, y aún menos a las opacas maneras fraudulentas de los Madoff del arte.
Con todo, el escándalo no es tanto económico como artístico. Situado en las antípodas de la vanguardia, sin inconformismo espiritual alguno, el arte oficioso que resulta de estos mecanismos de selección es un arte acomodaticio y servil, por más que, al tener que responder a las piruetas impactantes que exige el mercado, quiera presentarse como provocador y original. Sin ningún género de dudas, las denostadas academias de bellas artes de los tiempos antiguos eran menos dirigistas que los grandes subasteros actuales, y los salones, aquellos ridículos salones que fueron objeto de las burlas de la modernidad, mucho más revolucionarios que la mayoría de nuestros museos de arte contemporáneo, tan estúpidamente arrodillados ante el poder y tan excluyentes. El escándalo no es tanto que un tiburón mal disecado, tras su transformación en obra de arte, quede valorado en 12 millones de dólares, sino que los depredadores devoren cualquier talento que trate de ir a contracorriente.


Rafael Argullol es escritor.

EL PAIS, 18/12/09

sábado 5 de diciembre de 2009

AUTORES Y DERECHOS


En estos días parece que ha explotado una polémica latente ya desde hace tiempo en la que se enfrentan intereses, en apariencia contrapuestos, pero en la realidad fácilmente armonizables.

Es esa "guerra" entre "artistas" e "internautas" que se ha hecho patente tras el torpe anuncio del gobierno español de un proyecto de ley que permita cerrar páginas sin orden judicial si en ellas se violan presuntamente derechos de autor (pongo el "presuntamente· muy a propósito porque, al no intervenir el poder judicial basta con la presunción de culpabilidad y no la demostración judicial de la misma).
No se trata, en verdad, de una guerra, como se quiere hacer ver desde perspectivas simplistas o interesadas, entre creadores e internautas, sino más bien una llegada a un punto sin retorno entre entidades gestoras de derechos de autor y público en general, sea consumidor de productos culturales on-line o no.
Y este punto sin retorno, esta situación insostenible, la creó el propio gobierno con el despropósito del CANON digital, un impuesto que grava (y en porcentajes muy altos) los soportes digitales (incluyendo impresoras y teléfonos móviles), a TODOS los usuarios en previsión por las pérdidas que supuestamente generan a los autores y editores, presumiendo de antemano que cualquier usuario de soportes digitales es de antemano culpable de atentar contra la propiedad intelectual ajena.

Este despropósito legal legitimó, en cierto modo, la copia ilegal, desde el momento en que se hace pagar al público indiscriminadamente por un delito que no ha cometido, lo cual es más que una invitación a cometerlo , y con saña.
Además, se destinó el beneficio del impuesto a una sociedad privada (la SGAE) cuyos socios muy discutiblemente son los más perjudicados por la existencia de top-mantas, programas P2P y similares.
Me resisto a creer que personajes como Teddy Bautista, Jose Luis Borau, o Ramoncín, hayan sufrido o vayan a sufrir tan dolorosas pérdidas por la existencia de programas de intercambio de archivos digitales. Más bien creo que SE APROVECHAN del perjuicio económico( o más bién, el lucro cesante), que este tipo de tecnología causa en muchos otros artistas, la mayoría ni siquiera españoles y por lo tanto, no pertenecientes a la SGAE.

Pero el inmenso error del gobierno ha sido y es declarar a esta asociación beneficiaria en exclusiva del dinero de un impuesto público, y además hacer a TODA la ciudadanía pagana de un impuesto compensatorio de una actividad ilegal que no todos cometen.
Además, en determinados casos, como la industria cinematográfica (Jose Luis Borau es ahora el director de la SGAE) esta especie de impuesto revolucionario es especialmente sangrante: la industria del cine en España es absolutamente dependiente del dinero público. No hay más que ver que el parón de las subvenciones españolas que ha impuesto Bruselas ha parado todos los rodajes, demostrando que es el dinero público el que los sufraga casi totalmente.
Además, se obliga a las TVs que emiten en España, empezando por la pública, que paguen y emitan cine español, con lo cual nos encontramos con que el ciudadano de a pie está pagando, varias veces, no una, el sustento a la "industria cinematográfica española".
La ley Miró, de concesión de subvenciones a fondo perdido al cine español, es hoy arcaica y obsoleta. Nació en un contexto infracultural, justo tras una larga dictadura, y pudo tener sentido entonces (también eso es discutible, los creadores necesitan libertad, no dinero público), pero hoy carece totalmente de justificación.
El colectivo de cineastas españoles es visto por el público con una valoración muy negativa, y en gran parte es por esta situación de proteccionismo oficial que grava y penaliza al espectador, en vez de acercarlo al creador.
El cine francés, por ejemplo, creó hace tiempo la figura de la excepción cultural, que consistía en que los productos culturales franceses no fuesen uno más en la libre competencia de la distribución (que tampoco era libre dada la posición dominante de las majors norteamericanas), sino que tuviesen ciertas prioridades y ventajas en la distribución, y que fuesen susceptibles de descuentos para el espectador.
En muchos otros países, incluyendo España, se puso el grito en el cielo con el argumento de que los chauvinistas franceses iban "contra la libre competencia ".
LA LIBRE COMPETENCIA....aaaah, claro, la libre competencia es eso que siempre ha distinguido al cine español.
¿Es libre competencia que las películas las paguemos todos los ciudadanos españoles?¿es libre competencia que un director o productor que ha fracasado en taquilla, o que ni tan siquiera ha logrado estrenar sus películas vuelva a ser subvencionado y mantenido por el estado en su(s) siguiente(s) película(s)?...¿es libre competencia que las películas Ágora, de Amenabar, y Gordos, de Sanchez Arévalo, se anuncien con trailer completo en el telediario de la cadena estatal a la hora de máxima audiencia?¿porqué clamamos a favor de la libre competencia en un ámbito donde esta es totalmente inexistente?¿porqué llamamos industria cultural a algo que no es una industria?¿porqué no se declara a los productores y directores funcionarios, sin más, y se acaba con esta farsa?.

Puede que la excepción cultural francesa no sea la mejor idea del mundo, y que en cierto modo sea una legislación chauvinista e intrusiva. Pero desde luego, la legislación española sobre cultura lo es muchísimo más, y con mucho peores resultados.
A la larga, el resultado es que a un ciudadano francés le sale más barato disfrutar de un producto cultural francés que uno extranjero, y que la medida ha aumentado el público de las películas nacionales. En España, las películas españolas salen mucho más caras que las extranjeras al público español, que las paga varias veces, y encima el resultado ha sido que el público termina huyendo de ellas, considerándolas, con razón, un producto oficial políticamente correcto y no sujeto a ninguna exigencia de calidad.
Pero ya el colmo de todo esto es ver a los miembros de nuestra "industria" clamar en la entrega de los Goya o de los Mestre Mateo contra el top manta o la piratería, un problema que a nuestra "industria" no le afecta lo más mínimo. No depende de las ventas, y aunque lo hiciera, la triste realidad es que los compradores del top manta o los usuarios del emule pasan del cine español aunque sea gratis.
Y no porque sea malo...Hace una semana ví (EN EL CINE, OJO) la película CELDA 211 y me pareció una gran película, lo mismo que REC, otra buena película española que también ví (EN EL CINE, OJO -no vaya a ser que los esbirros de Ramoncín lean esto-)...pero al final, todo el cine hecho en España es víctima de la desconfianza injusta del público por culpa de una legislación mal planteada, centrada en financiar la creación y no apoyar la distribución, y haciendo pagar al público, al ciudadano de a pie, facuras que no le corresponden.

La industria de la música pop española tiene otro contexto diferente. No existen las subvenciones pero sí muchos artistas anclados en el pasado y reacios a admitir que en 30 años el mundo cambia.
Si en los años de apogeo de la movida, en los 80, se hubiesen manifestado en Madrid los grupos de los 60, los Pekenikes o el Dúo Dinámico, exigiendo poder seguir viviendo de su profesión como fuera, aunque ya nadie comprase sus discos, la gente se lo hubiera tomado como una gusas, una frikada irrelevante.
Y no es menos frikada que Aute, Loquillo o Rosario se manifiestan ahora pidiendo un hueco en una industria que no es que esté muriendo, es que está cambiando, como cambian también los gustos de un público, que ya no tiene hueco para ellos.
La gente no se baja mp3ses de Miguel Ríos, ni de Aute, el emule y los internautas no somos el enemigo de estos cantantes. Simplemente, es el tiempo.
El tiempo pasa para todos y para ellos también. Con todo el respeto que podamos tener los que hemos sido fans de alguno de ellos, la realidad es que no se puede pretender tener un público de masas durante treinta años. Puede que haya algunos , muy muy pocos que lo han conseguido, pero han sido tres o cuatro grupos en todo el mundo, y Rosario, Aute o Loquillo, (y no hablemos ya del rey del pollo frito) no están entre ellos. Punto.

Lo que ha sido posiblemente el detonante de toda esta movida de los internautas a favor de los derechos fundamentales en internet ha sido que el Gobierno ha anunciado su proyecto de ley un día después de la friki-manifestación de "artistas" en Madrid. Posiblemente haya sido una coincidencia, pero el público, muy quemado con el canon, subvenciones del cine, y demás, ha interpretado este proyecto de ley como una cesión a ese grupo de artistas que ven en INTERNET un enemigo que no es el suyo.
Además, en un contexto de fuerte crisis, es muy sangrante que colectivos que no deberían depender de ayudas clamen por ellas mientras los productores de leche, por decir un ejemplo, se van a la mierda ante la indiferencia del gobierno y dicho sea de paso, de los medios.

Mención aparte merece, en esa frikimanifestación de artistas, la presencia de triunfitos, pidiendo respeto a la propiedad intelectual.
Chavales que han accedido por la vía rápida a una fama que les desborda, cantando en un programa en la Tv pública, en el que se cantan canciones DE OTROS, sin el más mínimo respeto a la cuestión de la autoría, no pueden, no deben, hacer suyas reclamaciones de derechos de autor, pues en gran medida deben su fama al pisoteo de estos derechos (de autores de verdad) que ellos, en connivencia del canal público, han ignorado.

En definitiva, todo este vodevil no pasa desapercibido al público, que termina por explotar y entender que son sus derechos y su cartera las que siempre se recortan, sin tener muy claro que sea en pro de unas leyes justas, o cuanto menos, bien redactadas.
Es imprescindible una legislación CLARA y justa sobre los derechos de autor, pero sin frikis, sin ramoncines, sin SGAES, y con una clase política (gobierno Y OPOSICIÓN), que se moleste en conocer el tema del que va a hablar antes de coger un micrófono.

Os dejo con una fotografía de la Sede de la SGAE en Madrid, mirad que chabolita.
La foto no la he hecho yo, espero que Ramoncín sepa perdonarme.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Me uno al MANIFIESTO

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.