El mundo del arte se polariza, como casi todas las cosas, en dos "opciones" que venden su producto de una manera muy distinta.
Porque, a fín de cuentas, la actividad artística es una actividad productiva cuya subsistencia depende de la capacidad del artista de ir colocando en el mercado su producto.
Nadie es ajeno a esta realidad. Es cierto que en el artista, el impulso creativo es una necesidad, y que en muchos casos, el trabajo artístico es improductivo económicamente, y el autor busca otras fuentes de ingresos para continuar su actividad.
Esto, en cierto modo, le hace creativamente más libre, pero puede que el artista termine viendo su trabajo como un obstáculo al restarle tiempo para la actividad creativa, que es la que realmente o la que más le interesa.
Un atista que tiene la suerte (porque en muchos casos es cuestión de azar que se termine valorando-o sobrevalorando- su producto) de vivir de su "arte", y de no caer en una autocopia constante, es decir, que tenga un público o una clientela que le permita reinventarse (que es algo también creativamente necesario), será un artista realmente feliz como tal, triunfador. Es el caso de Picasso y de no muchos artistas más.
Otros muchos artistas viven también de su oficio ( a veces incluso viven bien), pero son esclavos de un "estilo", un lugar común propio que se han creado y que se ha creado en torno a ellos, y que no les permite salirse del guión que se espera de ellos. Es el caso de artistas como Botero, por ejemplo, que a buen seguro estará hasta los cojones de pintar y esculpir gordas, pero se ha condenado a hacerlo porque sabe que es lo que se espera de él, su signo de identidad.
Y otros disfrutamos de una libertad creativa absoluta, porque no vivimos de lo que hacemos, lo primero es muy positivo, lo segundo no lo es tanto. Sería mejor, claro, tener esa libertad y vender todo lo que hiciéramos, pero siendo realistas eso es muy difícil, y la realidad es que no estamos tan mal.
Lo cierto es que los artistas somos gente que ejerce un oficio con una compleja llegada al público y que debemos de buscarnos como podemos una cuota de mercado por donde sea posible.
Como decía al principio, en el mercado del arte hay dos polos en los que se ha forzado a situarse al público, al receptor a quien va destinado el arte.Uno y otro usan lenguajes diferentes, saben bien cual es su modo de subsistencia y su modo de presentarse, su "marketing"
-El primero es el del ARTE OFICIAL, el arte que se supone de "primera división" porque es el que los "expertos" y las instituciones oficiales avalan y promocionan.
Este tipo de arte tiene un claro lenguaje corporativo. Este lenguaje bebe del diseño gráfico más actual, aunque con unos parámetros clásicos como diseño (minimalismo, referencias "retro", claridad visual, y un tono "alternativo" siempre visible).
Esto choca, y en principio de manera muy contradictoria, con la claridad del mensaje, que en principio debiera ser el objetivo del diseño y el marketing.
Cuando nos acercamos a un cartel de una exposición de arte de un museo de arte contemporáneo, pocas veces somos capaces de discernir qué es exactamente lo que se nos anuncia: una exposición,

unas conferencias, un simposio. Las imágenes fotográficas que se utilizan redundan en esta estudiada indefinición, incoherente con el caracter del diseño.
Todo esto juega la misma baza que juegan este tipo de foros: un elitismo conceptual que esconda el supuesto "producto" artístico al gran público, por una razón muy sencilla: este producto artístico no necesita venderse, ya está pagado por todos nosotros, por lo tanto su supuesto marketing no es más que una pose, que ni siquiera pretende llegar al público sino situarse estilíticamente de una forma lo más coherentemente posible con esa "modernidad" posible, aunque de un modo bastante incoherente con el fín último del marketing, que es DIFUNDIR algo entre un público objetivo que se supone que debe ser cuanto más amplio mejor (algo que no busca, desde luego, este arte oficial).
En las inauguraciones de este tipo de exposiciones hay muchas gafas de pasta, muchas camisetas de moda y mucho alternativo, chicas con coletas, y sobre todo, muchos pinchos de tortilla, porque sino no habría nada de lo anterior. La gente habla muy bajito y de modo amanerado...En días sucesivos a la inauguración, es difícil que frecuente el lugar alguien que no sea el vigilante o el dueño de la galería.
-El otro polo es el ARTE MAL LLAMADO CLÁSICO, que también podríamos llamar arte "dominguero" o "marujo", dicho sea con el mayor de los respetos, porque al menos este tipo de arte sí es autosuficiente, y no dependiente del erario público misteriosa o arbitrariamente asignado, como ocurre con el arte oficial.
Sin embargo, este tipo de arte reduce su mirada a una concepción puramente contemplativa de la realidad. Cosidera el arte como un mero oficio imitador, y además sus adeptos ni siquiera suelen ser buenos imitadores de la realidad.
Es un arte cuya cuota de mercado es la población de edad avanzada, y que en el caso peculiar de este país, y por muchas razones, casi todas obvias, carece de una mínima cultura visual y plástica.
El marketing de este tipo de artistas sí pone en primer plano lo que vende: vende pinturas o esculturas de un caracter costumbrista muy claramente reconocible, renuncia al caracter creativo o interpretativo del artista, y a cualquier código visual que no sea un naturalismo pobre, anclado en lugares comunes: paisajes de puestas de sol, montañas, bosques, y en Galicia un empacho de hórreos, gentes humildes trabajando y casitas de las de antes, todo ello ader

ezado con exposiciones con nombres que también son lugares comunes: lembranzas, reencontros, terra, etc, etc...
Sin embargo, hay que decir a favor de este tipo de arte, que yo personalmente considero como tal con muchas reservas, que al menos sí tiene un público y a él se dirige, y es este público el que lo sostiene, y no el conjunto de los ciudadanos. Es una arte que tiene sus propios foros, como casas de cultura de provincias, casinos, ayuntamientos rurales, y salas de exposición de, digamos "segunda división".
Su público es gente con dinero suficiente como para gastárselo en cuadros, pero con una formación cultural inversamente proporcional. Con esto no quiero ofender a nadie, pero la cosa es así. En las inauguraciones de estas exposiciones se ven muchos abrigos de pieles, muchas canas teñidas de peluquería, mucho abrigo loden, y muchos pinchos de tortilla, porque sino no habría nada de lo anterior. La gente habla altísimo y las señoras ríen histéricamente, sobre todo cuando el vino empieza a faltar en las botellas.
Yo personalmente, voy a todas las inauguraciones que puedo de ambas esferas del arte, básicamente porque me gusta comer gratis, como a todo el mundo. Pero en ambas cuadrillas me siento exactamente igual de marciano. Cuanto más vino bebo, más ganas de huir me invaden, aunque no escurro el bulto hasta que se acaban las viandas.
Aun así, siempre me sorprendo siendo el único que además de comer observa las obras de arte, buscando algo que no suelo encontrar.
Yo creo que hay una tercera vía, un arte que sí comunica a mucha gente, pero que no tiene acceso a los foros de la primera división, que lo consideran "no moderno", ni a los foros de segunda porque lo consideran "demasiado moderno". Un arte que tiene que batirse el cobre en tierra de nadie, pero que a la larga es más considerado por el público, porque es más personal, es realmente el fruto de una búsqueda interior, sin las taras del comadreo con el arte oficial, ni del marujeo de la artesanía de tienda de muebles.
Como ejemplo sirvan los artistazos que enlazo en este blog...y otros muchos..sólo hay que buscarlos, porque desgraciadamente no están en los escaparates.