sábado 23 de mayo de 2009

EL SANTO OFICIO O EL CLUB DE LOS ARTISTAS MUERTOS.


Cuando cursaba la carrera de Bellas Artes, la principal obsesión del profesorado (y a la sazón, del dócil alumnado), era enseñar a DEFENDER el propio proyecto artístico locuazmente ante la clase, llegar a convencer a los demás de que lo tuyo era arte y porqué lo era.

Profesores como Ruiz de Samaniego llegaban a decir que la obra era "lo de menos" y que era el hecho de saber defender tu obra lo que te iba a abrir un hueco o no en el "circuito" del arte.

El tiempo, en cierto modo, les ha dado la razón...dentro de ese circuito, es la capacidad de colársela a las instituciones lo que te abre camino.

Teniendo en cuenta que en nuestro entorno no existen apenas los coleccionistas privados, ni los Saatchi, ni los mecenas, sino las Consellerías, los Ayuntamientos y los Ministerios, al final la salud del arte "circuitero" y de los que quieren estar en él se basa en saber moverse en ese círculo de subvenciones y prebendas más o menos encubiertas, peajes y servilismos, y buenas relaciones con instituciones públicas comisariadas y "aconsejadas" por los de siempre (entre ellos el propio Samaniego, que eligió, él solito, la representación española en la Biennale de Venezia hace dos años, de ahí que sepa bien cómo funcionan las cosas).

No hay hoy, desde el punto de vista radicalmente pragmático, oficio más útil para el artista que el santo oficio de trepar, medrar y escalar al calor de la política, entiéndase esta palabra en toda su extensión.

El oficio como forma de expresión del talento, y el talento mismo, la fuerza, la expresividad o el valor artístico de la obra y del artista ya no es algo relevante en absoluto para llegar a esas instituciones (que no al público, que permanece ajeno a ellas).


En estas clases de aprendizaje de marketing artístico lo primero que era evidente a ojos del espectador era que ningún alumno se sentía cómodo en ese papel, ni siquiera los que dócil y mansamente lo acogían e incluso justificaban a capa y espada, con la esperanza de entrar cuanto antes a formar parte del club.

El alumno contestatario o simplemente escéptico con la utilidad o necesidad de este tipo de enseñanza era relegado el olvido y al ostracismo de este incipiente amago de "circuito artístico".

Fueron unas clases, sin duda, muy esclarecedoras.


La pregunta es :¿esto es una Facultad de Bellas Artes?...aceptar un estado de las cosas viciado y encaminar la enseñanza al ultrapragmatismo de defenderse dentro de ese entorno de la élite del arte ¿es enseñar honestamente a un alumno el/los oficios artísticos que ha ido a aprender?


Esto es algo así como si en una facultad de Arquitectura se enseñase exclusivamente al futuro arquitecto a "llevarse bien" con concejales de urbanismo y constructores, y se considerase que el hecho de saber diseñar bien una vivienda o inmueble fuese totalmente irrelevante...O como si en una facultad de Económicas se enseñase al futuro economista a forrarse especulando en bolsa en vez de explicarle los fundamentos históricos y sociales de la economía.


Enseñar un oficio o un trabajo no exime de enseñar o al menos advertir sobre las miserias del oficio...otra cosa es convertir esas miserias en el único objeto de estudio, convertir en este caso el artisteo en arte y relegar el arte al limbo.

Sorprende que ese pragmatismo ultra se justifique con el nombre de "libertad" o de "vanguardia" en tanto que la intención de pretender FORMARSE de los poco alumnos indóciles que suele haber en una facultad se etiquete rápidamente como algo conservador y atentatorio contra ese statu quo único, por lo visto, posible.


Una Universidad que se rebaja a perpetuar la costumbre de enseñar al alumnado a moverse como pez en el agua en un sistema enfermo, y que no aspira a enseñar a futuros posibles artistas para curar esas enfermedades al sistema y a la sociedad misma, es una universidad muerta, un espacio para zombies que continuarán generación tras generación ese santo oficio del arte acomodado para todos: los que lo enseñen, los que lo aprendan, (si es que hay algo que aprender aparte de la resignación de que no vas a aprender nada),y los que lo ejerzan enganchados a esta rueda (muy pocos, por cierto, y que no dependen de su propio esfuerzo).

La universidad es el germen de la sociedad futura, y en el campo de las Bellas Artes, la planta que va a nacer ya está marchitada antes de salir del suelo.

domingo 19 de abril de 2009

SÓLO MIRO LOS DIBUJOS


Cuando somos pequeños tendemos a "leer" las revistas, los tebeos y los libros aún sin saber leer, porque contienen imágenes. Si preguntamos a un niño que no sepa leer porqué está "leyendo", nos dirá que "sólo mira los dibujos". Hay una tendencia natural en los niños, que yo conozco muy de cerca siendo profesor, a comunicarse por medio del lenguaje gráfico, de las imágenes, las fotografías y todo lo inmediatamente visual.
Una vez aprendemos a leer y a comunicarnos con el más convencionalizado y abstracto lenguaje de las letras, abandonamos la fascinación por las imágenes que nos ha acompañado los primeros años de nuestra vida. Algunos tenemos la suerte de no abandonar esta atracción por lo visual nunca, pero sí que una inmensa mayoría de los niños pasa en poco tiempo del dibujarlo todo al "yo no sé dibujar" y a la inhibición ante un mundo en el que hacía bien poco era un pez en el agua.
Es muy posible que la deficiente educación plàstica y visual que históricamente se ha tenido sea cómplice directa de esta situación, reduciendo durante décadas la relación con las imágenes de los niños ya preadolescentes y adolescentes a luchas improductivas sin cuartel con grafos calibrados, papeles milimetrados, trazados de polígonos de equis lados, y resoluciones de tangencias, bisectrices y otras muchas amenidades en las que tanto alumnos como profesor despegan del mundo del disfrute plástico y visual para siempre jamás.
La percepción del arte visual no sólo desde el punto de vista de los creadores sino del público, y muchos absurdos dogmas de fé que sobrevuelan el concepto de ARTE hace el resto. Se llega a un momento en el que el individuo se divorcia para siempre del dibujo, de la representación gráfica y plástica, porque cree que hay que ser un entendido y una persona especial no sólo para SER un artista, sino también para APRECIARLO .
Llega un momento de nuestras vidas, un miserable momento, en el que cuando vemos una imagen (dibujo, pintura), entendemos que ya no está hecha para nosotros...o lo está para los niños o para los entendidos, dos colectivos de los que nosotros ya nunca formaremos parte.
Podemos comprar un libro lleno de dibujos para nuestro hijo o sobrino, o para nuestra prima "la que hace bellas artes"...pero no para nosotros.
Las ilustraciones son para niños, los comics para frikis, y el arte para eruditos. A nosotros nos queda el democrático mundo de la letra.

Cuando yo era pequeño existían unos libros, de color marrón dorado, que tenían a los personajes dibujados con reproducciones de acuarela en el lomo, libros de formato pequeño que creo que recordareis porque todos los teníamos en casa, y que contaban una historia a modo de novela, y también en comic, intercalando trozos de este cada 20 o 30 páginas. Creo que ya entonces se les llamaba novelas gráficas, un término muy de moda ahora y que se refiere al comic puro y duro, pero aquello no era comic sólo, sino la misma historia contada dos veces, en comic y en "libro".
Como cuando cayeron en mis manos yo era pequeño sólo leía el comic, por cierto fascinantes muchas de las historias. Un poco mayor decidí leer la parte "seria" del libro y descubrí decepcionado que contaba exactamente la misma historia que el comic (yo hasta entonces pensaba que era otra historia).
No entendía (ni entiendo ahora) el porqué de contar una historia dos veces de dos maneras diferentes en el mismo soporte. Quizás el esitor creyó conveniente que, dado que entonces las familias tenían más hermanos, los mayores y ya estudiaos leyeran la parte novelada, y los pequeños o los retrasados se quedasen con el comic. Lo que se llama visión empresarial. Posiblemente quienes ditaron estos libros creyeron que usando dos tipos de lenguaje se asegurarían un abanico más amplio de público...como quien ahora edita libros que también se pueden escuchar o comics que se pueden ver en la pantalla del ordenador...
El lenguaje escrito y el visual no son el mismo, no se perciben de la misma manera y no pueden contar la misma historia de la misma manera. No son hermanos y si lo son, pocas veces son bien avenidos.
Quizás el comic (y en cierto modo el cine) han logrado unir la naturaleza descriptiva del dibujo o la imagen con la narrativa de la palabra, y aún así de una manera siempre delicada y no siempre armónica.
Como dibujante y lector de comics sé de la dificultad que existe cuando se hace (o cuando se lee) un comic para congeniar a estos dos hermanastros de forma que no se peleen, sé de lo que puede llegar a chirriar una historieta (o una película) si el texto es demasiado largo. A todos nos jode ver una película con subtítulos aunque se mantenga así el privilegio de contemplar la versión original.
En todas las épocas y en todas las artes visuales la palabra ha estado presente junto a la imagen, no sólo como parte de ella, a veces, sino otras muchas como un complemento muchas veces enriquecedor de la obra, y muchas veces aportado por personas ajenas al propio artista.
Pensaba hace unos meses en que tuve ocasión de volver a ver las Meninas, en la cantidad de ríos de tinta que se han escrito sobre el cuadro en cuestión, de tesis, ensayos y libros sobre posiblemente el cuadro al que la palabra más ha intentado someter a su jurisdicción.
Muchas de las cosas que críticos, historiadores o el propio artista han dicho o escrito sobre el cuadro han enriquecido nuestra visión sobre él, y otras muchas han sido puro placebo, engorde literario que para el espectador es tan insignificante como el aire que no llegamos a respirar nunca.
Pero este cuadro, a pesar de ser deudor de una explicación conceptual y contextual mínima, resiste a la carencia de ella por la fascinación que ejerce lo que es su pura y simple contemplación.
Muchas obras de arte visuales se han hecho pensando en ser objeto de contemplación y otras objeto de lectura, y otras objeto de lectura y contemplación a la vez, como mis libros de color marrón. Las del segundo y tercer tipo fallan en el momento que la literatura se ausenta. Si no hay un guía que nos la explique, si no hemos leído al filósofo o al teórico del que parte el soporte intelectual de la obra, o simplemente si no queremos leer sino sólo mirar usando nuestro intelecto, y no el prestado por las palabras que otros han escrito, esa obra se nos cae, no nos llega.
Si el autor ha sido valiente y ha usado sólamente una carta, la del lenguaje visual, la de buscar comunicarse a través de la mirada, es seguro que esa imagen tampoco llegará a todo el mundo, pero al menos no necesitaremos muletas si queremos llegar a ella, ni echaremos un falta nada más que esa obra para ejercer el derecho a su contemplación.
Sin entrar en consideraciones éticas, jugar con dos barajas a la vez no garantiza ganar la partida, y hace el juego mucho más engorroso, dificulta la comunicación, en la que (sea de la naturaleza que sea), el exceso de elementos es siempre un enemigo para el receptor y para el comunicador.

domingo 12 de abril de 2009

VACÍOS METALINGÜÍSTICOS


Tuve un alumno, hace años, de nombre Salvador, que como trabajo sobre el tema del COMIC me entregó un folio en blanco con el título "La Historia del Hombre Mudo e Invisible". Ante la demostración de ingenio, tuve que ponerle una buena nota. Había sido capaz de disfrazar su vagancia o cuanto menos su ausencia de trabajo en un brillante ejercicio metalingüístico. Dió sentido al hecho de NO HACER cuando lo que se esperaba es que hiciera algo.

El arte contemporáneo está lleno de muestras de NADAS, de ejercicios de inacción artística, en las que lo que realmente tiene sentido artístico es la justificación que le damos al público para que acepte, e incluso alabe, esa inacción, esa falta a su, digamos, deber.

No sé si es exactamente lo mismo, pero ayer me llegó un mail de un amigo en el que me enlazaba un interesante vídeo de una amiga suya, artista también, que había convocado al público a una performance. En el vídeo, la artista finalmente no realizaba la performance que había anunciado, y en su lugar se sinceraba con el público, comunicando su deseo de no hacer nada por la necesidad de iniciar una reflexión sobre su propio papel de artista, sobre el porqué de su actividad en el arte. Hablaba de que en sus últimas performances no había sido capaz de conectar con el espectador, y eso le llevaba a detener su actividad, para reflexionar sobre esto. El dicurso de esta artista, que enlazo más abajo, tiene cierta conexión con el caso de la Bienal de Sao Paulo, y tantos otros eventos en los que se sustituye una esperada obra o actuación por la ausencia de las mismas, con la intención o el pretexto de la REFLEXIÓN como finalidad de esa ausencia.
http://www.youtube.com/watch?v=hf2WB42QCnk
Este acto de negación, de deliberrada ausencia de obra en un espacio donde se espera, se ha convertido en un gesto, como antes decía, ya habitual, y sintomático de una serie de características del arte actual:

-Uno de ellos es la forzada SIMULTANEIDAD entre la CREACIÓN de obra y su ANÁLISIS. La excesiva presencia de la teoría en el arte actual, y la preponderancia del teórico, comisario, crítico..., sobre el artista, hace que con mucha frecuencia el artista se vea obligado a establecer un permanente, y bien visible al público, análisis de su obra. Por supuesto que analizar la propia creación es necesario, pero es obvia condición necesaria esperar a que al menos se produzca y cuaje esta creación. Recuerdo que en la hiperconceptual Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, la asignatura de PINTURA en 4º curso se dividía en tres partes: MÉTODO, PROYECTO Y ANÁLISIS. Debíamos explicitar, en una libreta, y de manera continuada, un análisis sobre nuestra propia obra (llamémosle mejor trabajo), trabajo que muchas veces aún estaba en proceso o no existía. La confusión actual entre arte y teoría, entre arte y parafilosofía, entre artista y analista, convierte al artista en historiador y en esclavo de la historia, y obvia el hecho de que en todas las artes y épocas, ha habido ARTISTAS, y después ha habido gente que se dedicaba a ANALIZAR el arte que hacían los artistas. Covertir al artista en su propio crítico (aunque de un modo interior tenga que serlo) es un ejercicio ya no metalingüístico, sino metaexistencial, que no lleva a ninguna parte, sólo a entorpecer el propio trabajo del artista. En el momento artístico contemporáneo, el artista que aspira a pertenecer a la oficialidad se siente obligado a ejercer en voz alta esa constante reflexión metalingüística sobre las fronteras y los sentidos de su propio trabajo creativo, una reflexión a veces honesta (así parece la del vídeo que adjunto), y a veces impostada, pero una reflexión al fín y al cabo, que puede obstaculizar el propio trabajo del artista, y frustrar al espectador, cuando se convierte en el objeto mismo de la obra.

-También el resbaladizo papel del artista como teórico, sin tener claro qué se es en mayor medida. Si en Sao Paulo era el curador o comisario el que proponía el VACÍO (o más bien lo imponía), en el caso de este vídeo es la propia artista la que, disculpándose ante el curador, que acepta de buen grado, impone al público y se impone a sí misma el silencio, la no ejecución de su obra.

-La (supuesta) y oficialmente aceptada indefinición de fronteras en las artes es un peso más que incide en la abundancia de estos ejercicios artísticos autoreferenciales. La sobreactuación, y la sobredimensión mediática que en el arte contemporáneo han tenido los "transgresores de fronteras" ha llevado a que en el arte de este circuito contemporáneo reine una cierta sensación de interinidad permanente de los más básicos conceptos sobre la naturaleza misma del arte, y esta interinidad se haya convertido ya en un comportamiento standar, en el que el artista no aspira a comunicar, sino a jugar permanentemente con estas fronteras interinas, que insista en el permanente juego negación-afirmación de la obra, y se perpetúe en un constante discurso de metalenguaje que llega un momento que no interesa al espectador, ya que carece de contenido más allá de una reflexión que el espectador ya conoce, porque no es precisamente nueva. Nadie entendería que un director de cine diga el día del estreno que no ha hecho finalemente la película para "reflexionar", ni que lo haga un escritor, o un trabajador cualquiera de una actividad que no sea el arte, en la que, seguro, habrá también reflexión...pero lo que sucede es que en otras artes y en otros ámbitos, ese estado de interinidad no es lo normal, en todo caso puede ser un impás, un periodo corto marcado, por ejemplo, por el paso de un modelo de producción a otro (la revolución industrial, la revolución digital). Pero esos estados interinos en otras actividades no se prolongan artificialmente, no se convierten en el puro objetivo de la actividad, pues eso sería el final de esa actividad, o al menos, su desconexión con la realidad.

-Otra característica del momento actual es la posición egocéntica del artista, el EXHIBICIONISMO del creador. El "mi obra soy yo" lleva a artistas a asumir erróneamente que sus circusntacias personales e íntimas interesan al público, pero es SU ARTE lo que interesa al público. Muchos artistas han tenido una vida intensa y apasionante, turbulenta a veces, y su vida cobra interés como pasto para el analista una vez ellos (los artistas) han hecho una obra interesante y merecedora de análisis. El camino opuesto es erróneo, exhibir la propia vida como el objeto artístico en sí es algo carente de interés para el espectador. También es algo muy propio de la sociedad actual, en la que la incomunicación ha logrado hacer de la cotidianeidad de las personas normales un espectáculo (qué decir de Gran Hermano). Sin embargo, aún ahora, la gente espera algo más del arte que de la tele. En definitiva, el pepel del artista es HACER, y las reflexiones metalingüísticas, en todo caso, deben verse en su obra, (como en el caso de mi alumno, Salvador). Si se trata de una reflexión personal permanente , eso es algo que acabará siendo rechazado o simplemente abandonado por el público.

Quizás uno de los grandes problemas del arte oficial contemporáneo sea que haya olvidado que el papel del artista es el de HACER, FABRICAR, TRANSMITIR , (que no están reñidos en absoluto con REFLEXIONAR), y el de pensar y analizar en voz alta sobre la obra recae, sobre todo, en última instancia, en el ESPECTADOR, que es a quien nos dirigimos, no de quien huimos.

sábado 28 de marzo de 2009

LA MODERNA TIMIDEZ


Hay un chiste que dice que entra un tímido en un bar y dice: "¿Me pone un café?"; el camarero le pregunta: "¿sólo?"; y el tímido le contesta: "b-bueno, póngame dos".
Esta timidez que obliga a las personas a hacer cosas que no quieren hacer o en las que no creen es un mal muy común en las instituciones culturales, que dejándose llevar por lo que creen o han creido interpretar que es lo correcto, actúan muchas veces de manera conscientemente absurda e incomprensible, aunque convencionalmente dócil.
Estas últimas semanas me han invitado a participar en algun "Festival de arte" de una ciudad pequeña.
Al hablar conmigo la persona organizadora, me ha presentado el festival en cuestión como una especie de "Salón de Pintura".
Pero acto seguido, ha empezado a matizar que se trata de un salón "abierto" a todas las tendencias, que no quiere "ser convencional", y que también habrá videoarte, performances, comics, y no sé cuantas cosas más.
No es que haya nada malo en la propuesta, al contrario, pero veo que muchas instituciones sufren un arranque de esta enfermedad, la moderna timidez, cuando programan sus actividades culturales, y por cierto miedo a "no ser excluyentes con ninguna sensibilidad artística", convierten posibles eventos interesantes en cajones de sastre en los que al final el espectador se ve perdido ante un cruce de propuestas inconexas y que exigen mecanismos de percepción diferentes.
A mí me encantan los comics, pero dudo que una exposición de pintura y de comic puedan compartir espacio de una forma coherente. No te digo nada del video y menos de la performance.
Me parecería más lógico hacer un festival de pintura, si acaso, otro de performance, u otro de comics...en fín, no mezclar cosas que no tiene sentido mezclar.
A nadie se le ocurriría en un festival de performances plantear "vamos a exponer también cuadros, o comics, para que se vea que no excluimos la pintura y los comics como arte..."
Muchos curadores institucionales (no muy al loro de donde viene el aire en su ocasional labor), sufren esta patología de la moderna timidez y se lanzan al tan políticamente correcto objetivo de NO-EXCLUIR-que-está-muy-feo, de respetar las sensibilidades de todos y todas...
Digo yo que tendrán que guardar un cupo de exposiciones también, para artistas inmigrantes, otro para discapacitados (qué pena que Tolouse Lautrec y Basqiat ya hayan muerto...), y que se respete la paridad artistas hombres y mujeres escrupulosamente.
También sería injusto exponer cuadros, comics, videoarte, performances, y olvidarse de otras actividades artísticas como el teatro, las corridas de toros, los bailes regionales, la cocina de autor, los grupos de hiphop, los camelletes del barrio pintando graffitis...¿porqué excluir a estas pobre gentes de las artes varias?...además, juntar todo esto en una misma sala, mihura incluído, sí que iba a ser algo en verdad irrepetible y seguro que muy sonado en la prensa del día después.
La moderna timidez, la obsesión por "no excluir lo moderno" lleva a esperpentos que perjudican al espectador como tal, y convierten muchas muestras de arte colectivo en ensayos de parques temáticos inómodos de digerir y de entender.
Separar las cosas no es malo, al contrario...los grandes museos lo hacen, y lo hacen también entre sí...no puedes ver lo mismo en el Reina Sofía que en El Prado, y dentro de cada uno, las obras y los pintores se reparten de una forma coherente para el espectador.
No entiendo esas exposiciones, cada vez más habituales, en las que después de ver obras bidimensionales (no digo pinturas porque eso casi no existe en salas oficiales), encuentras un nicho oscurecido a base de cortinas y pintura negra donde puedes ver una obra de videoarte, que se repite en un bucle constante...y después de esto pasas, en el mismo espacio, a "disfrutar" de una instalación.
No entiendo como nadie se plantea la interferencia mutua entre artes de distinta naturaleza y de distintos lenguajes, y como no se impone la obviedad de que estas interferencias no son deseables para el espectador.
Imagino que tras esto (en el caso particular del salón al que fui invitado) subyace el miedo, el pánico diría yo, de los curadores institucionales de provincias (ahora hay auditorios y museos contemporáneos en pueblos de 5000 habitantes, así que no digo esto peyorativamente, sino como una realidad) a organizar algo que se llame a secas Salón de Pintura.
El papanatismo imperante les hace ser conscientes de que eso no sería moderno, y la moderna timidez les invade y les hace convertir esas modestas salas, que podrían estar llenas de vida y posibilidades, en un auténtico pisto de artistadas varias, en una especie de bazar de la creación que sólo produce ganas de huir al primer vistazo.
Hoy, "queda mal" organizar un festival de pintura desde una institución, a no ser que esté convenientemente flanqueada de arte oficial (aunque sea malo).
La pintura puede estar presente por sí sola, eso sí, en eventos menores como Certámenes de pintura rápida, concursos, mercadillos, ferias y eventos de este palo.

De todos modos, esta moderna timidez, mal también conocido como papanatismo visual grave o enfermedad de la noexclusiónquesoymoderno, es una dolencia institucional que no sólo afecta a las artes plásticas..tampoco se libra la "industria" audiovisual (así le llaman algunos, bravo por ellos) por ejemplo en Galicia...pocos espectáculos hay tan abrumadoramente eclécticos como la Gala de Premios Mestre Mateo al "audiovisual gallego" , en la que compiten películas, productos televisivos, (incluídos anuncios), páginas web...el no va más.
Para los que no sean gallegos tengo que darles mi palabra de que todo esto último es rigurosamente cierto.
Es una muestra más del avance de esa peligrosa dolencia, esa lacra diezmadora de la moderna timidez, para la que existen unos buenos remedios caseros, que no cuestan mucho y que pueden adquirirse y encontrarse fácilmente en cualquier ciudad, incluso en las que no tienen museo de Arte Contemporáneo.
Se llaman libros.

jueves 26 de marzo de 2009

CATALONIA IS NOT SPAIN


He leido en el Diario Público del 25 de marzo una noticia que realmente me ha emocionado: Cataluña acudirá con representación propia a la Biennale de Venezia, en verano, con un grupo de artistas que han sido escogidos POR CONCURSO PÚBLICO.

Josep Bargalló, que dirige el Instituto Ramón LLul, que debe ser algo así como el equivalente a la Consellería de Cultura de Galicia, ha declarado que la decisión de quién debe ir sólo puede ser tomada por un tribunal de expertos y que el IRL no es ninguna "institución canónica que deba decidir lo que es bueno o malo en el arte".

Leyendo esto uno se emociona...relamente, hay gente así en el mundo, EXISTE en el mundo del arte gente como este señor Bargalló...pero a los gallegos nos pilla muy lejos, en Cataluña, a más de mil kilómetros y, lo que es más insalvable, a cien o doscientos años de distancia.

Contrasta la posición del Gobierno de España, que ha designado a dedo políticamente, muy a la española sin duda, al comisario, Enrique Juncosa, y al artista, Miquel Barceló.


El presidente del jurado catlán, Manuel Borja-Villel, ha declarado que es clave separar la parte política de la cultural en este tipo de eventos...una perogrullada, sin duda, pero una perogrullada necesaria en este momento.

Después de leer la opción catalana, uno siente envidia sana de los comedores de butifarra (a mucha honra lo digo, que mi madre es catalana), y el deseo inconfesable de que los catalanes invadan el resto de España y nos catalanicen de una vez, a los pobres habitantes de la infraeuropa que nace por debajo del Ebro, y sobre todo, en la zona oeste de nuestra piel de toro de los cojones.

Quizás alguno de los miembros de ese jurado hayan sido puestos a dedo (dirigentes de museos de arte contemporáneo y similares...), no lo sé...que el jurado de expertos lo fueran de verdad de la buena y con méritos contraídos de forma ajena al politiqueo ya sería la hostia...pero sin duda es un buen comienzo, y una carta de presentación para Cataluña que deja muy en evidencia a España y sus instituciones culturales.

Tanto es así que desde el Ministerio Español se asegura que en el 2011 la selección de artistas españoles también se hará por concurso.

Pero eso llegará, como siempre, ya tarde.


No he visto aún el proyecto catalán, pero sólo por como ha sido seleccionado, ya merece mi absoluto respeto.

Puede verse en http://www.llull.cat/


el artículo del Público al que me refiero puede leerse aquí:

miércoles 11 de marzo de 2009

TRAMPANTOJOS Y CREACIONISMO


Después de tertulias, conversaciones blogueras y en persona con gente del hartismo y fuera de él, acuerdos, desacuerdos, discrepancias y discusiones, una de las conclusiones principales que puedo sacar es la ausencia de conclusiones válidas para todo el mundo, e incluso las válidas del todo para mí mismo.
Esto del hartismo ha sido, y es, un cauce importante para reflexionar sobre ARTE, en un entorno en el que la reflexión apenas existía, a pesar de ser un concepto (el de reflexión) invocado por muchos actores que luego, a la hora de la verdad, se niegan a ejercerla.
Yo he aprendido muchas cosas de todas estas discusiones, de quienes congeniaban con mi visión de las cosas y también de los que no, incluso de quienes las negaban radicalmente.
Veo que, efectivamente, el arte no es, por definición, un ente estático en el tiempo, y que su replanteamiento es uno de los motores del devenir de las sociedades.
No puede defenderse un arte que equivalga a estancamiento como no puede defenderse un arte que se estanque en la obsesión por una evolución que no se arraigue en nada del pasado, y que por tanto no suponga evolución sino una innovación artificiosa y constante, lo cual, además, es también por definición, imposible.
Ningún ámbito de la vida humana (y todos necesitan evolución) crece a base de rupturas y cambios de paradigma negadores de todo lo anterior. Los paradigmas cambian, no se sustituyen ni se pueden negar unos a otros tajantemente.
Quizá lo que muchos detractores del hartismo no pueden ni quieren entender es precisamente que nosotros no negamos el valor de cualquier aportación artística, sino su imposición paradigmática, negamos el caudillismo estético propio de esta época.
Quizá haya existido ese caudillismo, que nosotros llamamos oficialidad, en toda época, pero en otras épocas no se ha vendido ese modelo como un modelo ecléctico, abierto y dialogante, ni transgresor o rupturista. En otras épocas se era consciente de la pertenencia a un punto en la evolución. En esta no. De ahí parte el gran error de un concepto básico en esta época como es el de CONTEMPORANEIDAD, como dando por sentado que hace unos cien años hubo un hito que marcó un antes y un después. Eso no ha ocurrido en la vida real, sólo en la visión acotada que se dice perteneciente a esa visión contemporánea, como opuesto a lo conservador, que sí es consciente de su carácter supeditado a una evolución.

Un ejemplo: He leído ayer las bases para la solicitud de subvenciones al audiovisual gallego, y esas bases insisten en que se valorará la transgresión y la innovación de los lenguajes propios del audiovisual.
Es un camino equivocado ofrecer dinero a quien innove, o a quien crea innovar, o a quien justifique teóricamente que está innovando los lenguajes visuales. Las innovaciones no surgen así...los autores o artistas realmente innovadores no funcionan de esa manera, y si realmente son innovadores, seguro que esto pasará desapercibido a funcionarios y políticos, a los planteamientos oficialistas que en el fondo buscan ligeras modificaciones en la forma, no en el fondo.
Un artista o una corriente que cambie de verdad el fondo de las cosas en el arte, que las haga evolucionar, no lo hará de un día para otro. No se puede pretender que cada año, 20 productos audiovisuales dentro de Galicia sean verdaderamente rupturistas con la forma de narrar historias, que por otro lado, se mantiene vigente siempre pese a su evolución, con unos parámetros mal llamados clásicos por el hecho de que sean estables y entendibles por el espectador.
No nace un Orson Welles todos los días y no hay nada peor que hacer creer a alguien que apenas balbucea con el medio, que puede ser un Orson Welles. Esto es un engaño para él, y una valla que lo va a separar del público, del supuesto receptor de la obra.

El arte mal llamado clásico ha sido, casi siempre, y me sobra el casi, una ventana a un mundo ilusorio, un trampantojo en el que mostrar una realidad. A este supuesto paradigma de la REPRESENTACIÓN se ha opuesto tradicionalmente ( y pongo la palabra tradicionalmente muy a propósito), el arte posicionado como contemporáneo, que se negaba a ser una representación de la realidad. Este paradigma, en su deriva conceptual, ha acabado sustituyendo esta vocación de trampantojo, de ilusión, por un misticismo pseudoreligioso, bajo la promesa de que el nuevo arte se hace para reflexionar sobre él, a oposición, supuestamente, del anterior.
Pero el supuesto nuevo paradigma no es tal. Al final, el espectador busca inconscientemente en todo arte una representación, de uno u otro modo, de una realidad que le saque de la suya propia, que le saque de sí mismo. Lo hacemos al ser lectores de un libro, al mirar un cuadro o una escultura, o una representación. O al ver una película.
Un creador tiene siempre en cuenta eso, de un modo inconsciente. Incluso un creador conceptual o uno que crea estar por encima de esa idea de representación a la que se oponga en la teoría.

Puede haber propuestas cuya única razón de ser es la ruptura, la deconstrucción, el no contar una historia, sino oponerse a que el espectador acceda a esa obra como un oyente, espectador o lector de un relato. El tapado del cuadro del S XVII del artista del que hablamos en el blog del hartismo, la exposición del Pompidou de las salas vacias (que novedoso, eh?), o tantas y tantas repeticiones de tics iconoclastas ya se han convertido en un rito, como antes decía, que tiene de rito místico y seudoreligioso lo que no tiene de narrativo.
Además, en el fondo incluye un discurso tan narrativo y tan de representación como el más plano de los cuadros costumbristas, sólo que el discurso que se pretende que genere la obra está generado artificialmente desde fuera de la obra, en relación no con la obra en sí, sino en la forma y lugar de presentarla. La nada no es una obra de arte, así que..¿porqué lo iba a ser dentro de un museo?
El acto performático de echar fuel a la Costa da Morte, del que también hablamos en el blog del hartismo, obra de un artista vasco, es un acto con tanta vocación de representación como una pintura realista, su lectura es bien evidente, y si acaso mucho más acotada y unívoca que las lecturas teóricas que puede provocar una pintura.
Además, la baza a la que se agarra este tipo de arte que supuestamente pretende ser el reflejo de un cambio de paradigma, la de ser germen de reflexión para el espectador, no se cumple, puesto que el espectador se siente casi siempre ajeno a este tipo de propuestas, a las que no concede ni la propiedad de generar reflexión, ni la capacidad para cambiar un paradigma que no se considera obsoleto de manera natural.

Porque en el fondo, el arte, pese a su evolución y su necesidad de más evolución, siempre mantiene los mismos parámetros en su relación con el espectador. Este siempre buscará un trampantojo, una realidad en la que ver reflejada la suya, un espejo. Esto no ha quedado obsoleto en ningún momento, ES lo que ha sido el arte y es lo que sigue siendo ahora.

El discurso de la sucesión de paradigmas contrapuestos es, además, en muchos casos, perverso.
Es curioso como en otros ámbitos de la vida humana un discurso similar sería considerado radicalmente conservador.
El pensar que el arte tal y como lo conocemos hoy en día nace después de Duchamp, e invalida todo lo anterior y lo hace obsoleto, es un modo análogo de pensar al creacionismo como teoría de las especies.
Es la evolución constante de las cosas, el devenir natural de las actividades humanas (y no humanas), la que las va gestando de una manera continua y nunca finalizada. Las artes no mueren, como se ha dicho de la pintura, evolucionan, y siempre será artificioso pensar en rupturas y en antes y después de algo.
Y esa naturaleza evolutiva es tan inherente al arte como a lo que más, ya que el arte es ante todo una actividad humana, y la humanidad no cambia de la noche a la mañana.
Defender esta especie de creacionismo artístico, que genera espontáneamente un arte contemporáneo, y defenderlo en oposición a una concepción evolutiva de las cosas, es, como mínimo, aventurado.
Y no deja de ser curioso, como antes decía, que los planteamientos creacionistas sean considerados ultraconservadores, por no decir fascistoides, cuando hablamos de cosas que no sean ARTE, donde, por lo que se ve, Adán y Eva sí existieron.

lunes 2 de marzo de 2009

ÉRAMOS POCOS Y LLEGÓ LA ABUELA


"Yoko llegó al punto de componer canciones que sólo existían en su mente, de organizar conciertos en que el público tenía que imaginar por sí mismo la música que oía"...
( de esas canciones también he compuesto yo unas cuantas...)
La frase entrecomillada está sacada de la Wikipedia, en uno de los párrafos que le dedica a la artista conceptual Yoko Ono, que va a ser premiada en la Bienal de Venezia, según su presidente, Paolo Baratta, por "haber desarrollado modelos artísticos que han dejado huellas duraderas", y por haber hecho una "renovación profunda de los lenguajes expresivos, y plásticos del arte conceptual, y estar comprometida con la investigación, el riesgo, la poética y el activismo pacifista...".
Son el tipo de infraargumentos de la misma especie que los que aparecieron para justificar el premio nacional de artes plásticas español a Esther Ferrer. También se habló de renovación de lenguajes, transgresión, riesgo, compromiso...
Es el cuento de siempre. La letanía con la que se nos justifican los constantes apuntalamientos artificiales del antiarte, del arte aburrido y soporífero que se insiste en que siga siendo vanguardista.
No puedo entender de qué riesgo habla Baratta, y mucho menos cuáles son las huellas profundas que ha dejado el arte de Yoko Ono, más allá del circo que la rodea.
Yoko Ono es una millonaria aristócrata japonesa cuya noción de riesgo no va más allá de salir de casa con menos de seis tarjetas de crédito. Lo más parecido al arte que ha hecho fue arrimarse al Beatle John Lennon y catapultar así una carrera artística basada nada más y nada menos que en la ausencia de obras.
Lo increíble, lo alucinante es, no que lo que hace (o no hace) esta abuela cebolleta de la posmodernidad, sino el hecho de que se siga vendiendo como un acto arriesgado y transgresor, y se premie en una Bienal que se supone es escaparate del arte mundial.
Nos quejábamos de Sao Paulo, pero la verdad es que para esto era mejor que en Venezia también estuviera todo vacío.
Bueno, es que lo está...