sábado 5 de diciembre de 2009

AUTORES Y DERECHOS


En estos días parece que ha explotado una polémica latente ya desde hace tiempo en la que se enfrentan intereses, en apariencia contrapuestos, pero en la realidad fácilmente armonizables.

Es esa "guerra" entre "artistas" e "internautas" que se ha hecho patente tras el torpe anuncio del gobierno español de un proyecto de ley que permita cerrar páginas sin orden judicial si en ellas se violan presuntamente derechos de autor (pongo el "presuntamente· muy a propósito porque, al no intervenir el poder judicial basta con la presunción de culpabilidad y no la demostración judicial de la misma).
No se trata, en verdad, de una guerra, como se quiere hacer ver desde perspectivas simplistas o interesadas, entre creadores e internautas, sino más bien una llegada a un punto sin retorno entre entidades gestoras de derechos de autor y público en general, sea consumidor de productos culturales on-line o no.
Y este punto sin retorno, esta situación insostenible, la creó el propio gobierno con el despropósito del CANON digital, un impuesto que grava (y en porcentajes muy altos) los soportes digitales (incluyendo impresoras y teléfonos móviles), a TODOS los usuarios en previsión por las pérdidas que supuestamente generan a los autores y editores, presumiendo de antemano que cualquier usuario de soportes digitales es de antemano culpable de atentar contra la propiedad intelectual ajena.

Este despropósito legal legitimó, en cierto modo, la copia ilegal, desde el momento en que se hace pagar al público indiscriminadamente por un delito que no ha cometido, lo cual es más que una invitación a cometerlo , y con saña.
Además, se destinó el beneficio del impuesto a una sociedad privada (la SGAE) cuyos socios muy discutiblemente son los más perjudicados por la existencia de top-mantas, programas P2P y similares.
Me resisto a creer que personajes como Teddy Bautista, Jose Luis Borau, o Ramoncín, hayan sufrido o vayan a sufrir tan dolorosas pérdidas por la existencia de programas de intercambio de archivos digitales. Más bien creo que SE APROVECHAN del perjuicio económico( o más bién, el lucro cesante), que este tipo de tecnología causa en muchos otros artistas, la mayoría ni siquiera españoles y por lo tanto, no pertenecientes a la SGAE.

Pero el inmenso error del gobierno ha sido y es declarar a esta asociación beneficiaria en exclusiva del dinero de un impuesto público, y además hacer a TODA la ciudadanía pagana de un impuesto compensatorio de una actividad ilegal que no todos cometen.
Además, en determinados casos, como la industria cinematográfica (Jose Luis Borau es ahora el director de la SGAE) esta especie de impuesto revolucionario es especialmente sangrante: la industria del cine en España es absolutamente dependiente del dinero público. No hay más que ver que el parón de las subvenciones españolas que ha impuesto Bruselas ha parado todos los rodajes, demostrando que es el dinero público el que los sufraga casi totalmente.
Además, se obliga a las TVs que emiten en España, empezando por la pública, que paguen y emitan cine español, con lo cual nos encontramos con que el ciudadano de a pie está pagando, varias veces, no una, el sustento a la "industria cinematográfica española".
La ley Miró, de concesión de subvenciones a fondo perdido al cine español, es hoy arcaica y obsoleta. Nació en un contexto infracultural, justo tras una larga dictadura, y pudo tener sentido entonces (también eso es discutible, los creadores necesitan libertad, no dinero público), pero hoy carece totalmente de justificación.
El colectivo de cineastas españoles es visto por el público con una valoración muy negativa, y en gran parte es por esta situación de proteccionismo oficial que grava y penaliza al espectador, en vez de acercarlo al creador.
El cine francés, por ejemplo, creó hace tiempo la figura de la excepción cultural, que consistía en que los productos culturales franceses no fuesen uno más en la libre competencia de la distribución (que tampoco era libre dada la posición dominante de las majors norteamericanas), sino que tuviesen ciertas prioridades y ventajas en la distribución, y que fuesen susceptibles de descuentos para el espectador.
En muchos otros países, incluyendo España, se puso el grito en el cielo con el argumento de que los chauvinistas franceses iban "contra la libre competencia ".
LA LIBRE COMPETENCIA....aaaah, claro, la libre competencia es eso que siempre ha distinguido al cine español.
¿Es libre competencia que las películas las paguemos todos los ciudadanos españoles?¿es libre competencia que un director o productor que ha fracasado en taquilla, o que ni tan siquiera ha logrado estrenar sus películas vuelva a ser subvencionado y mantenido por el estado en su(s) siguiente(s) película(s)?...¿es libre competencia que las películas Ágora, de Amenabar, y Gordos, de Sanchez Arévalo, se anuncien con trailer completo en el telediario de la cadena estatal a la hora de máxima audiencia?¿porqué clamamos a favor de la libre competencia en un ámbito donde esta es totalmente inexistente?¿porqué llamamos industria cultural a algo que no es una industria?¿porqué no se declara a los productores y directores funcionarios, sin más, y se acaba con esta farsa?.

Puede que la excepción cultural francesa no sea la mejor idea del mundo, y que en cierto modo sea una legislación chauvinista e intrusiva. Pero desde luego, la legislación española sobre cultura lo es muchísimo más, y con mucho peores resultados.
A la larga, el resultado es que a un ciudadano francés le sale más barato disfrutar de un producto cultural francés que uno extranjero, y que la medida ha aumentado el público de las películas nacionales. En España, las películas españolas salen mucho más caras que las extranjeras al público español, que las paga varias veces, y encima el resultado ha sido que el público termina huyendo de ellas, considerándolas, con razón, un producto oficial políticamente correcto y no sujeto a ninguna exigencia de calidad.
Pero ya el colmo de todo esto es ver a los miembros de nuestra "industria" clamar en la entrega de los Goya o de los Mestre Mateo contra el top manta o la piratería, un problema que a nuestra "industria" no le afecta lo más mínimo. No depende de las ventas, y aunque lo hiciera, la triste realidad es que los compradores del top manta o los usuarios del emule pasan del cine español aunque sea gratis.
Y no porque sea malo...Hace una semana ví (EN EL CINE, OJO) la película CELDA 211 y me pareció una gran película, lo mismo que REC, otra buena película española que también ví (EN EL CINE, OJO -no vaya a ser que los esbirros de Ramoncín lean esto-)...pero al final, todo el cine hecho en España es víctima de la desconfianza injusta del público por culpa de una legislación mal planteada, centrada en financiar la creación y no apoyar la distribución, y haciendo pagar al público, al ciudadano de a pie, facuras que no le corresponden.

La industria de la música pop española tiene otro contexto diferente. No existen las subvenciones pero sí muchos artistas anclados en el pasado y reacios a admitir que en 30 años el mundo cambia.
Si en los años de apogeo de la movida, en los 80, se hubiesen manifestado en Madrid los grupos de los 60, los Pekenikes o el Dúo Dinámico, exigiendo poder seguir viviendo de su profesión como fuera, aunque ya nadie comprase sus discos, la gente se lo hubiera tomado como una gusas, una frikada irrelevante.
Y no es menos frikada que Aute, Loquillo o Rosario se manifiestan ahora pidiendo un hueco en una industria que no es que esté muriendo, es que está cambiando, como cambian también los gustos de un público, que ya no tiene hueco para ellos.
La gente no se baja mp3ses de Miguel Ríos, ni de Aute, el emule y los internautas no somos el enemigo de estos cantantes. Simplemente, es el tiempo.
El tiempo pasa para todos y para ellos también. Con todo el respeto que podamos tener los que hemos sido fans de alguno de ellos, la realidad es que no se puede pretender tener un público de masas durante treinta años. Puede que haya algunos , muy muy pocos que lo han conseguido, pero han sido tres o cuatro grupos en todo el mundo, y Rosario, Aute o Loquillo, (y no hablemos ya del rey del pollo frito) no están entre ellos. Punto.

Lo que ha sido posiblemente el detonante de toda esta movida de los internautas a favor de los derechos fundamentales en internet ha sido que el Gobierno ha anunciado su proyecto de ley un día después de la friki-manifestación de "artistas" en Madrid. Posiblemente haya sido una coincidencia, pero el público, muy quemado con el canon, subvenciones del cine, y demás, ha interpretado este proyecto de ley como una cesión a ese grupo de artistas que ven en INTERNET un enemigo que no es el suyo.
Además, en un contexto de fuerte crisis, es muy sangrante que colectivos que no deberían depender de ayudas clamen por ellas mientras los productores de leche, por decir un ejemplo, se van a la mierda ante la indiferencia del gobierno y dicho sea de paso, de los medios.

Mención aparte merece, en esa frikimanifestación de artistas, la presencia de triunfitos, pidiendo respeto a la propiedad intelectual.
Chavales que han accedido por la vía rápida a una fama que les desborda, cantando en un programa en la Tv pública, en el que se cantan canciones DE OTROS, sin el más mínimo respeto a la cuestión de la autoría, no pueden, no deben, hacer suyas reclamaciones de derechos de autor, pues en gran medida deben su fama al pisoteo de estos derechos (de autores de verdad) que ellos, en connivencia del canal público, han ignorado.

En definitiva, todo este vodevil no pasa desapercibido al público, que termina por explotar y entender que son sus derechos y su cartera las que siempre se recortan, sin tener muy claro que sea en pro de unas leyes justas, o cuanto menos, bien redactadas.
Es imprescindible una legislación CLARA y justa sobre los derechos de autor, pero sin frikis, sin ramoncines, sin SGAES, y con una clase política (gobierno Y OPOSICIÓN), que se moleste en conocer el tema del que va a hablar antes de coger un micrófono.

Os dejo con una fotografía de la Sede de la SGAE en Madrid, mirad que chabolita.
La foto no la he hecho yo, espero que Ramoncín sepa perdonarme.

4 comentarios:

Anxova dijo...

Totalmente de acuerdo. aquí hay otro punto de vista sobre esta cuestión, y yo puse algunos comentarios definiendo mi postura.

jansolo dijo...

Realmente poco se ha de decir a lo que comentas,
Como dicen por aqui, tienes más razón que un santo, ¿que decir?,¿ que no decir?
El resultado de todo esto es una "especie de dictadura" como en la pelicula V de Vendetta, en la que los acusadores "los llamados Dedos" señalan a diestro y siniestro, parece ser que los fascistas han cambiado de careta.

Muy buen artículo

JuanMa dijo...

Me acuerdo de un artículo de "El País", que decía que la SGAE había logrado algo que nadie nunca, en la historia de España había logrado jamás. Y es que esta gente ha conseguido nada menos que unir a un país en una causa común: contra ellos mismos.

Esta gente ha perdido el norte, no se puede ir así por la vida.

mariano dijo...

Hola a todos...ya he leído el texto de Santi y los comentarios.
Creo que, como bien dices en ese enlace, Anxo, en todo esto del anteproyecto no se están protegiendo los derechos de autor, sino más bien los de distribución.
Y se está haciendo protagonista en exclusiva de estas supuestas agresiones a internet.
Es muy cómodo tomar como enemigo a un sólo elemento (en este caso "los internautas"), pero no se puede olvidar que la red es también un excelente medio de difusión, y que a un editor o autor le puede, en la misma medida, quitar, pero también DAR muchas cosas. Sólo habrá que adaptarse inteligentemente a ella, como cada vez que ha habido un avance tecnológico grande.
Tomar como enemigo a un medio de difusión global y no sujeto a jerarquías de monopolios, grupos ideológicos, o canales , es un error.
Gracias a internet será más fácil vender tu trabajo si es bueno, y mucho más dificil si es malo.
No me extraña que todos los triunfitos pongan el grito en el cielo, pero antes de rebuznar deberían mirar sobre sus propios pasos y hacer cuenta de cuantas veces, en sus cortísimas carreras, han violado derechos de autor ajenos, no con un teclado, sino con un micrófono en la mano, y con la complicidad, nada menos, de la propia Televisión Pública.